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La perla del barrio bajo

dc.autor.biografiahttp://hemeroteca.regmurcia.com/pdf.raw?query=id:0000065309&lang=es
dc.autor.muerte1903
dc.autor.nacimiento1830
dc.contributor.authorJavier Fuentes y Ponte
dc.coverage.spatialeast=-3.7038321999999652; north=40.4167515
dc.coverage.temporalSigloSiglo XVIII
dc.date.accessioned2026-11-04T10:07:27Z
dc.date.available2026-11-04T10:07:27Z
dc.description.abstractSe cuenta el hallazgo del cuadro de la Virgen y su consagración, así como diferentes milagros de curaciones conseguidas por la imagen.
dc.description.leyendasLa perla del barrio bajo. Leyenda histórica del siglo XVIII   En la calle  Desde que murió lloradoel rey don Carlos Tercero,cambia Madrid sus costumbrescomo sus barrios de aspecto,visten a la currutaca [1]señoras y caballeros,los suizos y los walones [2]ya no parecen tan serios;dejaron de trabajarsus mejores arquitectos,Rodríguez y Villanuevaglorias del arte moderno;hasta las gentes piadosasal ser tibias en su celosuelen ir a los cafés [1]y no van a los conventos.Caza el rey D. Carlos Cuarto,se gobierna mal su reino,sin cuidarse del terrorque infunde a todos los pedios [3]la revolución de Francia,de Inglaterra el armamento:Moratín forja comedias,no hay sainete [4] sin bolero [5]pues don Ramón de la Cruzque es quien escribe los buenosobligado ya se vea poner bailes en ellos.Córrense toros los lunes,diversión que va en aumento,gozando de preeminenciaspor todas partes los diestrosPepe Hillo, Costillares,López y Pedro Romero,quienes viven con sus chulos [6] ,honra y prez [7] del barrio nuevo,a la derecha bajandopor la calle de Toledo.Allí las majas [8] de viso [9]lucen su sal y gracejo,se pedrean los muchachoscon los de barrios diversos,habitan los matachines [10] ,toman albergue los ciegosque cantan romances [11], trovos [12] ,la cachucha [13] y el salterio [14] :allí privan los manolos [15] ,allí rumban los toreros.A la peor de sus calles,la más derecha por ciertotitulan de La Palomadesde primitivo tiempo;sus casas a la maliciatienen carácter siniestropor sus negruzcas fachadascasi faltas del alero:en uno de sus corralespuso Bayo el extremeñolas pocilgas y calderaspara matanza de cerdos.El corral es finca propiadel caído monasteriode religiosas que huboen aquel barrio, y no lejos [2]quedando tras de las tapiasmateriales en desecho,despojos de su derribocascote, piedras y cercos.Mil setecientos noventaes el año del sucesobien digno de consignarse,que describirle debemos.Cierta mañana tempranosolícito el ganadero,de limpiar aquel corralsus maderas revolviendo,ve destruida, muy rotauna pintura en un lienzopringosa, borrada, sucia,y en tan preciso momentolos muchachos que a la escuelapasan, y llegan a verlopara jugar se lo piden.Ya suyo, de gozo llenosal tomarlo, se le llevanarrastrando por el suelo,en algazara [16] infantilcon chillidos de contento.La calle de La Solanaes la del frente derecho,mas al llegar a su esquinatopan en brusco tropiezocon una mujer humilde,toda vestida de negro,cubierta con su rebozo [17] ,y en su mano sosteniendorosario de cuentas gordasde los que llaman frailerosla cual parándoles dice:«¿A dónde corréis con eso,También aquí mi sobrino,mi Juan Antonio Salcedo?»«Sí tía» responde un chico,«En el corral nos lo dierony lo llevamos al Rastro ,a ver si el mercante [18] viejonos le cambia por alcorza [19]confituras o buñuelos.»Mira el cuadro la mujer,y al limpiarle por el centroaparece la pinturacon un colorido fresco,añadiéndoles de pronto:«Cuatro cuartos aquí tengosi conviene, toma y daca [20] ,en más no podéis venderlo.»Hacia un lado se retiran,hablan todos en secretoacordando se les déquedando así el trato hecho:cogen las cuatro monedas,van a buscar al bolleromientras ella conmovidacasi llorosa y gimiendo,en el portal inmediatodonde tiene su aposento,entra con su nueva compraa quien da frecuentes besos.  En el patio ISABEL-JEROMA-ISIDRA-EL TÍO ANTONIO, EL CIEGO.(Jeroma e Isidra asomadas a sus ventanas). ISIDRA . —Jeroma… ¿Quién es esaque se ha mudadoa las habitacionesdel piso bajo?En el testero [21]del portal, hace pococlavaba un lienzo. JEROMA. —¿Y tú me lo preguntas?Estás en Babia [22]es Isabel Tinteroes, La Beata;fue mi vecinapoco tiempo en el barriode las Vistillas.Con zapatos de raso,medias de seda,farfalá [23] con madroños [24] ,peine de teja [25]mantilla blanca;era la mejor chula [26]de rompe y rasga [27] .Pero todos los tiemposno son iguales,después de mal casadaquedó sin padresy desde entonces,el que la conocierano la conoce.Apenas amanece,al dar las cinco,nunca falta en la misade San Francisco;y en acabandovisita los enfermosque hay en el barrio.Vive de sus faenas,hace primores [28] ,de puntillas, encajes,randas [29], festones [30] ;y no ahorra nadaentre los pobres dejacuanto ella gana.ISIDRA . — Pocas habrá mejoresen estos tiempospara entrar en su casallámame luego.JEROMA. — Ya verás, chica,es un ángel sin alasuna bendita.ISABEL . — (Apareciendo de pronto en la puerta del patio.)¡Eh, muchachas, vecinosabajo vengangracias a Dios tenemosuna porteramanchada y rota,cuidará nuestra casa,nuestras personas.Buscad entre los líosde vuestros cofres,alamares [31] y franjas [32]lazos y flores:bien combinadoya veréis como prontose le hace marco.La obligación de todoses alumbrarla;una jícara nuevatiene por lámparay sin pedirledaréis algún aceitede los candiles.Al pintor Apariciola llevaremosa fin de que retoquesu desperfecto:sin haber dudaque no ha de interesarnosla compostura.Ya que se lo merecehonrarla es justo,rezando su rosario,dándola culto:pues de más haceal venir a guardarnosfiel y de balde [33] .Hará muchos milagrosque al mundo asombrentendrá ruidosa famapor villa y cortey acaso puede,que a su altar, a rezarla,vengan los reyes. (Enterado por su lazarillo [34], de que hay un cuadro de la Virgen enel portal, entra en el patio y canta lo siguiente. ELTÍO ANTONIO EL CIEGO. — A la Virgen que han puestoen esta casa,Yo me ofrezco a tenerlapor abogada,guardiana.Y al compás del rasgueo,de mi guitarra,cantarla,una Salve [35] los viernes,antes del alba.  En Real servicio ¿Es cierto lo que dicenpor salas y plazuelas,que al cuadro de una imagenhoy debe su existencia,el Conde de las Torres,Caballerizo de la reina?Un sábado en Atocha,sirviendo su carreramuy próximo al estribo [36]del coche de su alteza[3] faltole su caballo,que resbaló sobre las piedrasTan grande, tal caídaningún jinete dierale cogen los lacayos,los frailes le rodeanbañado todo en sangrey con fractura de una pierna.Velándole una noche junto a su cabeceraun servidor antiguollamado Luis de Menale dice con afectoy respetuosa pertinencia.«Señor, yo soy devotode «La Soledad» nueva,patrona de los barriosque forman la Arganzuela,pues muerto diome vida.Encomendaos bien a ella.Seis días han pasadosus médicos lo encuentrande pronto sin peligro;produce su extrañeza,curiosos le preguntany conmovido les contesta.«Bien haya los auxiliosde médicos y médica,la milagrosa Virgenque al escuchar la queja,oyendo mi plegariasanó benigna mi dolencia.»El Proto-medicatounánime celebralas glorias de Maríaen la curación hecha,llamándola prodigiode los mayores que se cuentan.Mejora el noble conde,mas, cuando sin muletasandar puede, ya firme,para corresponderla,ver quiere a su abogadacon el criado Luis de Mena.En el portal oscurocon devoción penetra,se duele de aquel cuadro,de cómo le contempla,y puesto de rodillas,ante la Virgen llora y reza.El tan indigno sitiomuy pobre y sucio encuentra,de mejorarlo todoformula su promesallamando a La Beataque sin demora se presenta.Reconocido el Condea la Beata ordena,se alquile un piso bajocon practicable reja,y ponga el santo lienzoen un altar de forma nueva.Previene que se haganlos gastos a su cuenta,que luzca el alumbradoa costa de sus rentas,y juntos los vecinosen confusión le vitorean.Por tanto, por ser ciertopublican y comentanlos títulos y grandes,las gentes más plebeyas,que al cuadro de la Virgenhoy debe su existenciael Conde de las TorresCaballerizo de la reina.  En palacio «Alcázar de Madrid, a dos de enero,mil setecientos y noventa y cuatro.Mis muy queridos padres:Como ahoraya se tiene la posta [37] de ordinariouna vez por semana, con destinoal rincón en que viven desterrados,recibiremos cada siete díascorrespondencia, no habiendo retraso.Nada ocurre hoy que digno seade loa, en el gobierno del Estado:Francia mal, y nosotros en su guerraconsumiendo recursos ha dos años.Respecto a la salud yo sigo buenamas hube de temer algún quebranto [38]al trasnochar sin tregua ni relevoscon el motivo tan extraordinarioque voy a referir, por el que todosmuchas gracias a Dios, gozosos damos.Tras de larga jornada con la corte,y grandes cacerías en El Pardo,a Madrid regresó mas vino enfermoel príncipe de Asturias Don Fernando.Tan súbita, gravísima dolenciacausó a los reyes mucho sobresalto,los médicos mayores procurabanatajar de las fiebres el estrago [39]y al ser la camarista [40] más antiguahúbeme de quedar en el Real Cuartopues no quiso la Reina mi Señora,me apartase del sitio del cuidado.En la Saleta [41] se pusieron listaslas cuales prontamente se llenaron;en la Plaza de Oriente por los corrosbuscaban las noticias azorados,los ricos y los pobres, los de venta,los chisperos [42], las chulas y los majos [43] :las campanas tañían, y se pusomanifiesto [44] al Señor Sacramentadoen las iglesias, y en la Real Capilla,con orden de velar los eclesiásticos.Su Majestad la Reina, estaba triste,tapábase la cara con las manosy entre los que con ella en tales horasdiligentes, solícitos estábamos,tras de su silla, el Conde de las Torresque su caballerizo fue de campola insinuó que debíale la vidaal tan vetusto [45] cuan severo cuadrode Soledad, que llaman «La Paloma»sus admirables curas relatando.La contristada [46] Reina levantándosecomo si despertara de un letargo,hizo que los canutos de linternalos faroles vacantes de Palacio[4] y de caballerizas, los llevaranal oratorio, reducido cuartode aquella Virgen, y que de hora en horade día y noche, sin tener descansocinco frailes franciscanos ya profesosturnaran en las preces [47] del rosario.La Virgen acudió con su remedio:el Príncipe de pronto quedó sano.En la cámara real y la Saletacomo en las galerías y en el patio,en la Plaza de armas, y en las calles,en las Vistillas, Avapiés, y el Rastro, solo una voz de pláceme [48] se oía«Milagro» repitiéndose, «Milagro».Sus Majestades y la Real familiaen gratitud por ello rebosando,dar gracias a la Virgen decidieroncon la mayor ostentación y fausto.La villa de Madrid por sus alcaldesmandó colgar tapices en el tránsito [49] ,desde San Salvador [5]a La Solana [6]hicieron con pinochas [50] grandes arcospara mejor desfile del cortejoque no se viera igual en muchos años.Los trenes [51] de Malpica y de Alburquerquelos de Medinaceli, el InfantadoUceda, Santa Cruz y CastromonteErias, Oñate, Béjar y Cerralbo,entre los otros que delante iban,a la moda llevaban los penachos [52] .Los coches de Su Alteza y los Infantes,y el de sus Majestades, admiraron,por las galas, plumeros [53] y libreas [54]de sus tronquistas [55] y de sus lacayos [56] .El pueblo parecía como loco,los Reyes y Su Alteza no tocaroncon sus pies en el suelo, hasta el instantede poder lograr verse arrodilladosa los pies de la Virgen, y entre lágrimascon fervor muy piadoso Don Fernandoallí dejó para feliz memoriael traje con el cual cayera malo.Tomar los coches y volver sin riesgocostó en verdad muchísimo trabajo,las gentes al dar vivas, no dejabancarril para moverse los caballos.Desde tal día, dicen que se aumentanel celo y la piedad en aquel barrio,y si logro la estampa de la Imagense la remitiré puesta en un marco,a fin de que prolongue su existenciacomo todos a un tiempo deseamosy en especial su hija que los quiere LUCINDA PIMENTEL Y TORRE-CARPIO.  EPÍLOGO Con haber ido la cortey los reyes en personaal oratorio, y dejarde Don Fernando la ropa[7] todo Madrid se despueblaocupando a cualquier horael aposento mezquinode la Virgen portentosa.No hay dolencia que no cureno hay torero, si la nombraque no salve del peligro,por eso para Patronauna copiada fielmentepintó Don Francisco Goyala cual en la enfermeríatienen, alumbran y adornan,y terminada su brega [57]la dan gracias fervorosas,los diestros más celebradosde fama justa y notoria.Isabel Tintero[8]  tieneuna regular limosnarecogida, y más la guardanmuchas notables personas.Ver consigue al Arzobispode Toledo, y este logradel Consejo de Castillasuperior licencia, prontapara edificar iglesiamás digna, más espaciosa.El cercado en que la Imagenestuvo entre fango y broza [58]como solar de vecinosIsabel por sí la compra.Sánchez,[9] joven arquitecto,generoso y noble, tomael cargo de proyectary de dirigir la obraerigiendo al breve tiempoiglesia, capaz, hermosa,con un altar y un retablode proporcionadas formas.En él procesionalmente [59]con grandes fiestas colocanel cuadro, y en las paredescuelga la gente piadosa,no solamente mortajas [60]y exvotos [61] para memoriade los milagros, tambiéndeja riquísimas joyas,que no pueden los francesesarrebatar, pues no logransiquiera verlas, cegadospor la luz esplendorosade los millares de ciriosque los fieles amontonan.Madrid ya sin extranjeroscanta las grandes victoriasde Bailén, de Talavera,de Cádiz, de Zaragozay cuando el «Rey Deseado»pasa la nueva y vistosaPuerta de Toledo[10], y daentre vítores y pompa,las gracias al santo lienzode su Virgen protectora,sabe al fin que la Beatadel descanso eterno goza[11] le rinden cetro [63] y coronamuchas veces, y contritos [64]en el destierro la invocan.Villa y corte de Madrid,esta página gloriosapuedes mostrar con orgulloen el libro de la historia.La oculta en lodo algún díahoy en el altar se adora,la Perla del barrio bajo,La Virgen de La Paloma. NOTAS [1] Muy afectado en el uso riguroso de las modas.[2] Valones, naturales del territorio belga que ocupa aproximadamente la parte meridional de este país de Europa.[3] Perteneciente o relativo al pie.[4] Obra teatral en uno o más actos, frecuentemente cómica, de ambiente y personajes populares, que se representa como función independiente, o bien se intercalaba entre los actos de una primera función.[5] Aire musical popular español, cantable y bailable en compás ternario y de movimiento majestuoso.[6] Hombre que en las fiestas de toros asiste a los lidiadores y les da garrochones, banderillas, etc.[7] Fama (buena opinión de la gente sobre alguien).[8] En los siglos XVIII y XIX, persona de las clases populares de Madrid que en su porte, acciones y vestidos afectaba libertad y guapeza.[9] Dicho de una persona: conspicua (ilustre, visible, sobresaliente).[10] Antiguamente, hombre disfrazado ridículamente, con carátula y vestido de varios colores ajustado al cuerpo desde la cabeza a los pies.[11] Composición poética escrita en romance.[12] Composición métrica popular, generalmente de asunto amoroso.[13] Baile popular de Andalucía, en compás ternario y con castañuelas[14] Instrumento musical de cuerda.[15] A partir del siglo XVIII y principios del XIX, persona de las clases populares de Madrid que se distinguía por su traje y desenfado.[16] Ruido, gritería de una o de muchas personas juntas, que por lo común nace de alegría.[17] Modo de llevar la capa o manto cuando con él se cubre casi todo el rostro.[18] Mercader (persona que trata o comercia con géneros vendibles).[19] Pasta muy blanca de azúcar y almidón, con la cual se suelen cubrir varios géneros de dulces y se hacen diversas piezas o figuras.[20] Trueque simultáneo de cosas o servicios.[21] Frente o principal fachada de algo.[22] Estar distraído o ausente.[23] Faralá: Volante de una tira de tafetán u otra tela y que, plegado y cosido por la parte superior y suelto o al aire por la inferior, rodea las faldas, vestidos y enaguas femeninos, especialmente en algunos trajes regionales[24] Borla pequeña de forma semejante al fruto del madroño.[25] Peineta (peine convexo que usan las mujeres por adorno o para asegurar el peinado) que por su forma y dimensiones recuerda una teja.[26] Persona de las clases populares de Madrid, que afecta guapeza en el traje y en el modo de conducirse.[27] Se aplica a la persona que se hace notar por su carácter y su ánimo fuerte, valiente y resuelto, y que hace lo que se propone con decisión y sin miramientos ni miedo a los prejuicios y las conveniencias sociales.[28] Arte, belleza y hermosura de la obra ejecutada con primor.[29] Encaje de bolillos.[30] Bordado, dibujo o recorte en forma de ondas o puntas, que adorna la orilla o borde de algo.[31] Presilla y botón, u ojal sobrepuesto, que se cose, por lo común, a la orilla del vestido o capa, y sirve para abotonarse o meramente para gala y adorno, o para ambos fines.[32] Tira alargada y estrecha de tejido u otro material que sirve para adornar.[33] Sin motivo, sin causa.[34] Muchacho que guía y dirige a un ciego.[35] Oración con que se saluda y ruega a la Virgen María.[36] Especie de escalón que sirve para subir a los carruajes o bajar de ellos.[37] Conjunto de caballerías que se apostaban en los caminos cada dos o tres leguas, para que los tiros, los correos, etc., pudiesen ser relevados .[38] Descaecimiento, desaliento, falta de fuerza.[39] Ruina, daño, asolamiento.[40] Criada distinguida de la reina, princesa o infantas.[41] Habitación anterior a la antecámara del rey o de las personas reales.[42] A finales del siglo XVIII y principios del XIX, vecino del barrio de Maravillas de Madrid.[43] En los siglos XVIII y XIX, persona de las clases populares de Madrid que en su porte, acciones y vestidos afectaba libertad y guapeza.[44] Exposición del Santísimo Sacramento a la adoración de los fieles.[45] Extremadamente viejo, anticuado.[46] Que manifiesta tristeza o aflicción.[47] Ruegos, súplicas.[48] Felicitación.[49] Lugar determinado para hacer alto y descanso en alguna jornada o marcha.[50] Hoja o rama del pino.[51] Aparato y prevención de las cosas necesarias para un viaje o expedición.[52] Adorno de plumas que sobresale en algunos cascos, morriones, tocados y cabezas de las caballerías engalanadas.[53] Penacho de plumas.[54] Traje que los príncipes, señores y algunas otras personas o entidades dan a sus criados; por lo común, uniforme y con distintivos.[55] Cochero que gobierna los caballos o mulas de tronco.[56] Criado de librea cuya principal ocupación era acompañar a su amo en sus desplazamientos.[57] Trabajo, faena.[58] Conjunto de hojas, ramas, cortezas y otros despojos de las plantas.[59] Ir ordenadamente de un lugar a otro muchas personas con algún fin público y solemne, frecuentemente religioso.[60] Vestidura, sábana u otra cosa en que se envuelve el cadáver para el sepulcro.[61] En la religión católica, don u ofrenda, como una muleta, una mortaja, una figura de cera, cabellos, tablillas, cuadros, etc., que los fieles dedican a Dios, a la Virgen o a los santos en señal y recuerdo de un beneficio recibido, y que se cuelgan en los muros o en la techumbre de los templos.[62] Banco de peces.[63] Vara de oro u otra materia preciosa, labrada con primor, que usaban solamente emperadores y reyes por insignia de su dignidad.[64] En el catolicismo, los que sienten dolor de haber ofendido a Dios, por el amor que se le tiene.[1] Entre los pocos que entonces había en Madrid, era uno de ellos el de Levante, primero de todos. (nota del autor)[2] El convento de monjas de Santa Juana. (nota del autor)[3] El Príncipe de Asturias, a cuyo coche se acercó para dar un recado de S. M. (nota del autor)[4] Dos de ellos se conservan aún en el Santuario de La Paloma. (nota del autor)[5] Parroquia demolida frente a la hoy Plaza de la Villa. (nota del autor)[6] Explanada ante el portillo de su nombre, luego de "Gil y Mon”. (nota del autor)[7] Aún se conserva en la Rectoría del santuario de la Paloma, el calzón corto y la chaquetilla de S. A. el entonces Príncipe de Asturias. Tienen la medida correspondiente a un niño de 8 a 9 años, son de raso color de rosa, bordadas ambas prendas en sus solapas y boquillas con lentejuelas y pedrería. (nota del autor)[8] En 8 y 9 de octubre de 1796, quedando Isabel Tintero de Administradora y Rectora por Decreto del Real Consejo de Castilla fecha 25 de mayo de 1799, había pedido licencia para construir la capilla que le fue concedida por el Real Consejo, en auto de 20 de julio de 1792, que le fue comunicado al Alcalde de Corte Marqués de Casa-Gracia, en 23 de julio del mismo año. La construcción no recibió debido impulso hasta 1795. (nota del autor)[9] D. Francisco Sánchez, además de su trabajo gratuito, dio gran limosna en majales [62] y metálico. Era discípulo del célebre D. Ventura Rodríguez. (nota del autor)[10] Fernando VII entró en Madrid el 13 de mayo de 1814.[11] La Beata, Isabel Tintero, murió en Madrid el 30 de octubre de 1813, y con gran pompa fúnebre se enterró su cadáver en el cementerio de San Isidro, patio de los cipreses, nicho 387. (nota del autor)
dc.description.provinciasMadrid, Comunidad de::Madrid
dc.description.ubicacionComunidad de Madrid
dc.identifier.citationLa perla del barrio bajo: leyenda histórica del siglo XVIII, Lérida: [s.n.], 1889, Imprenta Mariana.
dc.identifier.urihttps://hdl.handle.net/10641/8512
dc.identifier.urlhttp://virgenlapaloma.es/el-cuadro/
dc.leyendas.bibliografíaGrajera Barroso, María. "La conservación del Patrimonio Cultural Inmaterial: análisis antropológico y de género de la festividad de la Virgen de la Paloma." (2022).
dc.leyendas.bibliografíaLafuente, Río. "El barrio de La Paloma." Estudios geográficos 33.128 (1972): 459.
dc.leyendas.obrasLa Virgen de la Paloma: leyenda religiosa, Fernández Ruiz Pino, Juan Madrid: [s.n.], 1899 (Imprenta del Asilo de Huérfanos del S.C. de Jesús), 31 p.
dc.leyendas.temaReligiosas
dc.leyendas.temaArte
dc.leyendas.temaTradiciones locales
dc.rights.accessRightsopen access
dc.rights.urihttp://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/
dc.titleLa perla del barrio bajo
dc.typeother
dspace.entity.typeLeyenda

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