Legend: El Montero de Espinosa
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| dc.autor.biografia | http://dbe.rah.es/biografias/6668/jose-zorrilla-y-moral | |
| dc.autor.muerte | 1893 | |
| dc.autor.nacimiento | 1817 | |
| dc.contributor.author | José Zorrilla y Moral | |
| dc.contributor.other | Christelle Schreiber di Cesare | |
| dc.coverage.spatial | east=-3.6969060000000127; north=42.3439925 | |
| dc.coverage.temporalSiglo | Siglo XI | |
| dc.date.accessioned | 2026-10-20T09:15:52Z | |
| dc.date.available | 2026-10-20T09:15:52Z | |
| dc.description.abstract | Estrella descubre que su ama, la condesa, tiene por amante al gobernador moro Muza, y que se prepara a matar a su propio hijo Sancho García, el rey de Castilla, para poder vivir con su amante. Se lo dice a su novio, el paje de Sancho García, que revela la trampa al rey. Este decide vengarse de un modo terrible. | |
| dc.description.leyendas | El Montero de Espinosa (1842) Leyenda histórica Lector, si haces memoriaY mis leyendas por fortuna míaHas leído algún día,Recordarás la historiaDe una linda francesaQue a Burgos traje para ser condesa [1] . De ella te voy a hablar; pues aunque entradaEn el séptimo lustro de su vida,Todavía era muy hermosa, y muy querida,Y de gente cabal galanteada. Francesa fue, por consiguiente a España,Si no enemiga, a la verdad, extraña,Que aunque es la patria tan abstracta cosaQue a gozarla jamás ninguno llega,Allá a su modo cada cual la juegaCual la ve para sí más ventajosa.El más pobre mendigoEn su miseria por lo menos quiereDe su patria el amor llevar consigo,Aunque sea no más para testigoDe que en su patria de miseria muere [2] .Esto es por lo que atañe al buen patriota,Que en cuanto al extranjeroLos derechos de tal bizarro acota,Do encuentra al ciudadano don dinero;Mucho entonces de fe y de patriotismo,Y al punto que lo atrapa,Oro y patriota caen en un abismoDonde, por Dios, que no darán con ellosLos mismísimos monjes de la Trapa [3]Con oración, conjuro ni exorcismo.Y en cuanto a nuestra España y los francesesBien claro la experiencia nos lo habla,Lo poco que a sus garras defendimos [4]Lo salvamos a nado en una tabla. Mas porque no imagines que lo dichoEs hijo ¡oh, buen lector! de algún capricho,Voy a contarte, pues aquí interesa,Lo que hizo en su condado de Castilla,Madre del conde actual, la tal francesa.Lee, pues, y considera claramenteLo que ha sido y será por mientras dureEn nuestra España la extranjera gente. Y permite de pasoQue te advierta, lector, que de nosotrosEsto mismo y aún más dirán acaso,Y no sé yo si con razón, los otros.Pero tal es el mundo, y es un hecho,Que cuando muchos a la par pleitan,Por despechadas que sus causas seanTodos se creen en el mejor derecho.Pero basta, por Dios, de digresiones,Y entremos en materia,Que el caso es grave y nuestra historia seria. ***Gobernaba con su próspera fortunaEn Castilla el leal Sancho García,Atropellando audaz la media lunaDoquier que al campo por su mal salía.Acechaban los moros sus fronterasComo tigres hambrientos; Y vían [5] desde lejos sus banderasLibres flotando al soplo de los vientos,Y en la sangre teñidasDe sus haces [6] vencidas.A merced de estos lances venturososTodo era gozo, y dicha, y bienandanza,Por cuanto el linde de Castilla alcanza.Mas, ¡cuánto son precarios y engañososLos augurios del bien de la esperanza!,Y cuánto ¡ay, Dios! las dichas terrenalesExpuestas al impulso de los males,Y sujetas a cambio y a mudanzaOigamos para prueba incontestableLo que una noche hablaban a una rejaUn paje de don Sancho y una amableY hermosa dama que de amor le escuchaPlática y dulce con paciencia mucha;Y las palabras no dirán de ESTRELLALo que ignoraba aún SANCHO MONTERO,Que aquél era, lector, el nombre de ella,Y éste el nombre también del caballero. ESTRELLAPues bien, Sancho, ya que celosMe pides con tal furor,Fuerza es aclarar tu error.¡Perdónenmelo los cielos! Un hombre me dices que entraDe noche por mi ventanaY sale por la mañana:Causa tu furor encuentra Para irritarse, es así;Entra en mi aposento un hombre,Pero que entre no te asombre,Sancho, que no entra por mí. SANCHO M. ¿Pues, cómo, mujer liviana, Si la verdad no contestas,He de creer tus protestasCuando es tuya la ventana? ESTRELLA Montero, vamos despacio,Que aunque la ventana es mía, Ni de noche ni de díaVivo yo sola en palacio. Y no pongas en un potro [7]Tu discurso, buen Montero,Por donde entras tú primeroPuede después entrar otro;Y según, Sancho, a mi citaVienes, el parque asaltando,Puede estar otro aguardandoHora para otra visita. SANCHO M. Todo eso está bien, Estrella;Que los hombres somos dosYa lo veo, voto a Dios:Mas si tú no, ¿quién es ella? ESTRELLA Secreto debiera serEse nombre, mas, Montero,Si tu lo quieres… SANCHO M.Lo quiero. ESTRELLA Secreto has de tener,Y ni en tu última horaLo digas ni al confesor. SANCHO M. Lo juro. ESTRELLA Pues de tu error,Es la causa mi señora. SANCHO M. ¿La condesa? ESTRELLA La condesa. SANCHO M.¿La madre de don García?Tú mientes. ESTRELLA ¡Por vida mía!Que así me tratéis me pesa.Considerad, señor Sancho,Que aún cuando yo lo negara,Con mi palabra bastara,Y aún os viniera muy ancho. SANCHO M. Perdóname, dulce Estrella,Lo osado por lo celoso,Que me es en verdad penosoPensar tal infamia en ella. Que a fe que mal correspondeA quien en desmán tamaño,Si no por su propio daño,Por honra de su hijo el conde. El querer de una doncella,Si es casto, el amor lo escuda,Mas ella, condesa, y viuda,Pide más recato, Estrella. Y está en la ley prevenido:Si el hijo ha de gobernar,La madre no ha de tomarEn su gobierno marido. ESTRELLA¡Ah!, Sancho, que tú no alcanzaslo que su amor me atribula,porque es un amor que anulaaun sus mismas esperanzas! SANCHO M. Estrella, no te comprendo. ESTRELLAPues óyeme, Sancho, bien,Y el cielo me olvide, amén,Cuanto mal estoy haciendo.Yo por servirla no másY por velar su deshonraEstoy prendiendo mi honraEn un cabello quizás. Y por contentar su afánPresto, protegiendo a ese hombre,Con mi aposento mi nombreY corre por mi galán.Mas no es esto, Sancho mío,Lo que el alma me atormenta,Que yo ayudara contentaDe una amiga un desvarío.Mas yo arriesgo mi decoroY arrostro, Sancho, tus celos,¿y por quién abogo? ¡cielos!¿por quién, Sancho? por un moro. SANCHO M.Estrella, ¿te has vuelto loca?¿Moro dices? ESTRELLA¡Ay de mí!Ojalá no fuera asíLo que te dice mi bocaEse Muza embajadorDel rey moro de SevillaEs el galán. SANCHO M. ¡Qué mancillaPara dama de su honor!¡Un moro! por Dios, Estrella,Que al conde lo he de contar. ESTRELLANos vas, Montero, a matar. SANCHO M.¡Ay! ¿quién te ganó por ella?¿Quién puso en tu pensamientoTan villana aberración?¿Quién puso en tu corazónTan torpe consentimiento? ESTRELLA ¡Quién más que mi desventura!Me acogió desde mi infancia,Y desque [8] vino de FranciaNo la he concebido impura. No tengo madre, Montero,Y ella de tal me sirvió,¿negarla pudiera yoLo que hizo por mí primero? Supo ella nuestro amor antesY velándolo [9] , a su hijo,«Obrad prudentes , me dijo,Y sed dichosos amantes». SANCHO M.¡Fatal complacencia fue!Mas ya es tarde, hasta mañana. Dios quiera que tu ventanaGrave pesar no nos dé- Y partiendo el caballero,Cerró sus vidrios la bella,Siguiendo al través su huellaPor un torcido sendero. *** Está la noche tranquilaAunque embozada la luna,Y encapotado como ellaEstá junto al parque Muza.En pardo alquicel [10] envueltaSu conocida figura,Y bajo el casco escondidaSu cabeza (que a la turbiaLuz de una pálida estrellaConocería sin dudaEl más topo en el turbanteSi en él la llevara oculta),La seña impaciente aguarda,Que le harán para que subaLas manos de quien esperaAsir amantes las suyas.De arriba a abajo pasea,Pero con tanta corduraQue ni sus pasos se sientenNi de una o otra esquina cruza.Sólo su amor le acompaña,Y sólo su amor segundaCon su audacia y con su alfanje [11]De una mujer la locura.Locura, sí, porque es menguaY rabia causa y angustiaQue así en el cieno se arrastreDama de tan noble cuna.Locura, sí, porque velaDetrás de la colgaduraDe su balcón la condesaQue de tardanza le acusa.Con gran cautela a los vidrios(que no es extremada nunca)Continuamente se asomaDe que ha de venir segura.Y entre la luz de los vidriosPasando, mientras calculaEl tiempo que huye, su sombreSobre el cristal se dibuja.Y en los iguales periodosCon que aparece y se ofuscaSe ve bien que se paseaTal vez sin paciencia mucha.Por fin, tornando a asomarseAcaso vio lo que busca,Porque cerró la ventanaCon golpe que prisa anuncia.Faltó al punto la luz de ellaY apareció en la segundaVentana, que está sin rejas,Más abajo de la suya.Sonó una palmada a pocoY como está a poca alturaFácil halló la subidaEl enamorado Muza.Mas presto a bajar volvieraSi alcanzara por venturaA ver que un hombre apareceEn el punto en que él se oculta.Sí, guarecido en lo espesoDe la oscuridad nocturna,A la ventana se acercaDe otro hombre la sombra muda.Sombra que avanza despacio,Pero con planta segura,Como quien sabe la tierraPor dónde camina a oscuras.Al eco de sus pisadasCon desolación profundaUna mujer sacó a mediasLa cara, que el miedo turba.A cuyo punto el que vieneCon voz al caso oportunaDijo y en tono intermedioDe afirmativa y pregunta. SANCHO M.Estrella. ESTRELLA ¡Sancho! SANCHO M. ¡Silencio! ESTRELLAPor Dios, Sancho, disimulaSi es que has visto… SANCHO M.Todo, Estrella,Y estáme ahogando la furia. ESTRELLA¡Por Dios, Sancho! SANCHO M.Nada temas.No con fuerza, con industriaEspero cortar los hilosQue tan escándalo anudan.¿Por quién te pondrás, Estrella,Por ella o por mí? ESTRELLA ¿Eso dudas?La vida diera gustosaCon una palabra tuya. SANCHO M.Pues bien, Estrella, si me amasY si confianza algunaTe inspira la idolatríaQue mi pasión te tributa,En vez de guardar la rejaDe una sorpresa importuna,Guarda la puerta a su cuarto,Y cuanto digan escucha. Yo respondo de que nadiePor reja ni escala suba,Con tal de que me repitasSus palabras una a una. ESTRELLA¿Y qué te importa? SANCHO M. Va en ello,Estrella, nuestra ventura. ESTRELLA Enhorabuena. SANCHO M. Ya tardas. ESTRELLAGuárdame, pues. SANCHO M.Pues escucha. *** Quedó junto a la ventanaMontero de centinelaY junto a la cerraduraSe puso a escuchar Estrella.Abajo Montero inmóvilPermanece en las tinieblasY arriba por los resquiciosElla la vista endereza.Él, allá abajo inmutableComo una estatua de piedra;Ella allá arriba con ansíaToda arrobada de atenta.Mas poco oír la permiteLa encajada puerta,Muy poco paso a su vistaDa la cerradura estrecha.Mas mucho puede un deseoEn cuyo logro interesaGrave peligro o bien graveQuien firmemente desea.Así que al par aplicandoCon oportuna destrezaYa el ojo para mirarYa para escuchar la oreja,Logró entender, si no cuantoSu curiosidad quisiera,Cuanto basta a quien importaPara que todo lo entienda.Y las frases que a pedazosHasta su escondite llegan,Con algunas adicionesO supresiones, son éstas. CONDESA¿No hay otro medio? MUZA No hay otroMientras él viva, condesaPrendidos tenemos ambosEn un hilo la existencia.Mi amor para ti es sin freno:Te adoro, sultana bella,Y si en decidirte tardas,Sin ti me parto a mi tierra.No puedo más en CastillaPermanecer sin sospecha,Pues concluí mi embajadaY va a encenderse la Guerra.Mi rey en Córdoba tieneGente mucha y muy resuelta,Que vendrá a poner de BurgosLa corona en tu cabeza.¿Qué me respondes? Decídete;Dentro de tu casa mesmaTú vives tiranizada,Obedeces y no reinas.Privada de los placeres,De los saraos [12] y las fiestas,Por viuda al llanto y al lutoLas costumbres te condenan.Eres hermosa y amante,¿por qué has de pasar por siervaDonde, si quieres, mañanaPuedes mandar como reina?Así nuestro amor logrado,Ventajas lograrás inmensasTu condado de Castilla:Pues en paz con sus fronteras,Tus pueblos tendrán tranquilosLa paz que con ansia anhelan.Calló aquí el moro, y tras grave Meditación, la condesaComo quien duda en lo que habla Repuso de esta manera. CONDESA¿A qué ocultarlo buen moro?Demasiado lo confiesanLas lágrimas de mis ojos,Y las voces de mi lengua.Yo te amo: poco a mis ansiasLa corona es de condesa;Para ceñirla a tus sienesAnsiara imperial diadema.Pero si yo abro de BurgosA tus árabes las puertas¿cómo reinar en CastillaA no conquistarla entera?¿Cómo estarán los cristianosSumisos a quien los venda?No, harán para rebelarseUn fuerte de cada piedra.Tu rey querrá en la conquistaLlevarse la mejor presa,Y si es una infamia todo,Huir es la más pequeña. MUZA¿Huir, sultana, qué dices?¿Adónde, infeliz, huyerasQue esclava no te contarasSi no te contaras muerta?¡Huir! ¿acaso por miedoDe que traidora te hicieranA una patria que no es tuyaPues no nacistes en ella?¿Ignoras que estos villanos Que ante tu faz se prosternanMaldicen allá a sus solasTu noble cuna francesa? CONDESA¡Esclavos! MUZA Sí, esclavos tuyosPuesto que ellos son tu herenciaY venderlos y comprarlosJusto es que a tu antojo puedas. CONDESASí, justo sería, ¡oh Muza!Mas muy arriesgado fueraTal intentar, porque al cabo¡quién sabe el fin de una guerra!Si no hay más medio. MUZA¡Ah!, sultanaMás que tus ángeles bella,Más necesaria a mi vidaQue el sol y el agua a la tierra,Aquí a tus plantas de hinojosTe juro, las manos puestasSobre el corazón, que en vanoMi alma en huirte se esfuerza.Es separarme de tiLlevarme a una muerte cierta:Luz de mis ojos, el mundoSin ellos está en tinieblas:Sin freno en esta pasión,Te adoro, sultana bella,Y si en decidirte tardas,Morir sin ti será fuerza. CONDESA¡Ah no, muramos entrambos! MUZA¿Y el conde? CONDESA En Burgos se queda. MUZA¿Y quién de él si te reclamaNos salva? CONDESA¡Maldito sea!Callaron ambos un punto,Y a poco rato en voz trémula,Dijo el moro, como quienPrenda involuntaria suelta: MUZASi al cabo… CONDESA ¿Qué? MUZAEn este pomo [13]Supremo licor se encierraQue sirve sin más peligroA quien le usa con destreza… CONDESAA ver. MUZA De un modo adormece,Y usado de otra manera…A estas palabaras oyóseTras de la cerrada puertaInesperado ruido,Y tras él de golpe abriéndola :«Señora, el alba despunta» ,Dijo apresurada Estrella,E interrumpida la pláticaEl moro salió siguiéndola.Partió silencioso MuzaSaltando otra vez la reja,Y con el pomo en sus manosQuedó a solas la condesa *** Iba a rayar el sol en el oriente:Y la serena luz de la mañanaTeñía suavementeCon brillantes matices de oro y granaLa diáfana extensión del horizonte:La claridad tendiendo mansamentePor las laderas del lejano monte. En un balcón que a los jadines miraDel palacio de Burgos en que mora,Sombría y melancólica suspiraLa que en tiempo mejor fue su señora.Ella es, sí, la condesa doña BlancaQue a impulsos de secreto sentimientoHondos suspiros de su pecho arranca,Y de sus labios los arranca el viento.Bella matrona, por la edad no ajada,Aún muestra cuanto fue su edad primeraEn gracia y heermosura aventajada:Aún brilla en sus miradas, hechiceraLa luz de la pasión, y aún a despechoDel pesar que la acosaTiñen su bello rostro peregrino [14] ,Y sus torneados hombros y alto pecho,El color del jazmín y de la rosa,Que envidia dieran al pincel de Urbino [15] .Hermosa, sí, se ostenta todavíaA pesar de la nube que encapotaSu frente melancólica y sombría.Sus miradas en tierra distraídaFija, sin ver lo que delante tiene,Y en turba al aprecer descoloridaPasan por su memoria sus ideasTardas en paso y en contorno feas.Encendidos sus párpados, parece queRomper a llorar tal vez ansían,Y pálido el carmín que antes teníanSus labios, que el amor ora [16] enardece,Muestra, por Dios, (y ciegos lo verían)Lo que su inquieto corazón padece.A veces frunce receloso el ceñoCual si oculto terror la amedrentara,Y a veces gime, cual si horrible ensueñoSu apesarado espíritu acosara.A veces reteniendo en su gargantaEl conturbado aliento,Agitado su pecho se levantaCual mar que turba desigual el vientoY a veces tenuemente respirandoToda la fiebre ahogando, que le agitaEn sueño dulce, misterioso y blandoTranquilamente al parecer dormita:Todo en ella por fin está mostrandoQue grave asunto con afán medita,Y que si acaso la razón la asiste,Prestarla fe su corazón resiste.Largo tiempo pasó de esta manera,Hasta que al fin saliendo de repenteDe su enajenación, rápidamenteFormó sin duda decisión postrera,Y al punto se quitó de la vidriera.Falsa sonrisa en derredor vagabaDe sus fruncidos labios al quitarseY siniestra su faz amedrentaba,Amarga su expresión de contemplarse:Y con prudente voz llamando a EstrellaY a sus palabras dando astuto giro,Exhalando un suspiro,Plática tal enderezó con ella. CONDESAMucho te he amado siempre, Estrella mía,Mis secretos más gravesSiempre mi corazón del tuyo fía,Que de mi corazón tienes las llaves.Que me sirvas esperoLeal correspondiendo a mi cariñoEn un negocio, que encargarte quiero. ESTRELLAVuestra, señora, soy, y ya os he dichoEn otras empeñadas ocasionesQue ley es para mí vuestro capricho,Y los antojos vuestros son razones. CONDESAÓyeme, pues, Estrella,Que cosa es que me importaY tiene ejecución fácil y corta.El conde, mi buen hijo, don GarcíaSecreto mal padeceQue descuidado más de día en díaDe día en día con peligro acrece.Apuré las razones,Los argumentos agoté del todoPara hacerlo tomar una bebidaQue puede sólo resguardar su vida,Y de usarla con él no encuentro modo.Un solo medio veo solamente:Tómela de tu mano incautamente. ESTRELLA¡De mi mano, Señora! CONDESA Sí, por ciertoÉl cree que es un secreto su dolenciaQue juramos guardar en la concienciaLos médicos y yo, que la sabemosY sólo de nosotros se recelaQue a su pesar curársela queremos,Y es inútil contigo su cautela.¿Qué dices? ESTRELLA Yo, señora… CONDESA ¿DesconfíasDe su madre tal vez, mujer ingrata?¿No le he llevado en las entrañas mías?Por sospecha tan ruin, ¡viven los cielos!Que inaudito castigo merecías. ESTRELLA¡Oh! perdón, mi señora la condesa,Calmad vuestros enojos;Que en tan ocasión tan graveLa duda es natural en quien no sabe.Mas hablad, disponed, toda soy vuestra,Huérfana y pobre me ofrecí en la infanciaPara sólo serviros, y de entoncesFuisteis mi madre vos, vos mi maestra. CONDESAPues bien, que sea hoy mismo me interesa. ESTRELLAMas la ocasión… CONDESA Muy fácil: en la mesa.Yo el elixir derramaré en su copa,Tú se la servirás cuando la pidaY de este modo le darás la vida. ESTRELLA¿Yo se la he de servir? CONDESA Seguramente.Que la beba es de ti nuestra fortuna,Mas sin señal de inteligencia algunaCon mano firme y con serena frente.¿Entiendes? ESTRELLA Será así. CONDESA Pues así sea.Y ayúdame a acostar, Estrella, ahora,Y cierra este balcón, porque no seaDe una noche de amor puerta traidora. ESTRELLACierro y tranquila reposad, señora. Y al vecino aposentoSalió Estrella obediente,Mas ¡ay! que no avezada [17] al fingimientoTrémula fue, y el rostro macilento [18] ,A dar en un sillón lánguidamente :Y en su errante miradaVeíase en verdad su afán internoY su pavura al crimen retratada.Meditó largo tiempo silenciosa,Inmóvil e indecisa,Hasta que vaga y singular sonrisaQue la excitó una idea generosaTendió sus labios, y avivó su prisa.Abrió la puerta, pues, con mucho tiempoY por una excusada escalerillaCabo [19] a poner a su secreto intentoEn la antesala dio el aposentoDe don García, conde de Castilla.Su paje favorito allí velaba.Sí, allí Montero a la sazón se hallabaY a la llegada de su amante EstrellaEn un sillón de roble dormitaba,Mas despertóse el percibir su huella.«¡Hermosa !» dijo, y la [20] tendió los brazos.Mas ella suavementeEsquivando sus lazos,Peligrosos, al vez, rápidamente,Con voz turbaba, y con prudencia muchaApartóle diciendo : «Sancho, escucha» .Hizole Sancho así, y al ir oyendoLo que ella en voz baja le iba diciendo, Notábase más claro a cada instanteQue el fuego del furor iba subiendoDesde su corazón a su semblante.«¡Bien ! dijo el mozo al concluir Estrella :Vete tranquila, que estaré presente» ;Y a punto tal tornándose la bellaPor la misma escalera donde vino,Tornóse a su sillón tranquilamenteMontero, y a cumplir con su destino. *** Y el sol por el firmamentoA largo andar se venía,Cuando llamó soñolientoDesde su oscuro aposentoEl conde Sancho García. Montero, como le oyó,De la mampara [21] al dintel [22]Atento se presentó, Y tras algo que le hablóCerróse dentro con él.De la fatiga al quebrantoRendíase al sueño en tantoEn la antecámara EstrellaDe su ama; mas ¡ay! que de ellaSe huía tan dulce encanto. A vueltas sobre su lechoCon el afán de su pecho,Hasta el aire que aspirabaLe parecía que estabaEmpozoñado y estrecho. En vano el rostro agitadoDel uno y del otro ladoAcomoda entre la ropa:Los ojos se le han cerradoCon la imagen de una copa. Y aunque sin luz los mantiene,Por mucho que los aferra,Su odioso contorno vieneA dar a sus ojos guerra,Y despechada la tiene. Por más que en dulces memoriasSu mente extraviar procuraY en sazonadas historias,Sus dichas torna ilusorias,La copa de su amargura. No duerme, no, que al impulsoDe un pensamiento cruel,Dentro del cuerpo convulsoSe la desborda del pulsoToda su sangre en tropelIdeas mil en su menteQue fermentan en montón,La atormentan fieramenteY siempre el latido sienteDel trémulo corazón. No duerme, no, que en el almaDo la virtud no respire,La paz del reposo expiraY airado el sueño retiraEl bálsamo de la calma. No duerme, no, la condesa:Que vela desesperada,De remordimientos presaSiempre anhelando ¡malvada!Lo mismo de que la pesa.La pesa, sí, mas no hallaOtro remedio el amor,Que en su corazón batalla,Y lucha contra la vallaDe su amancillado honor.«¡No! dice en su desvarío,Ceder no sabré jamás,¡por Dios que me sobra brío!Ven Muza, y si tú eres mío,¿qué me importa lo demás ?» *** Tendamos, lector, un veloSobre esta infernal pasión,Que de escudriñar me dueloSecretos que puso el cieloDel hombre en el corazón. *** Con la sonrisa en los labiosY con la faz cariñosaSentóse el conde a la mesaEn cuando llegó la hora.Con la sonrisa en los labiosAunque con la vista torva,Sentóse a par la condesaEn el lugar que la toca.El hijo en el puesto bajo,Que aunque lleva la corona,Ante su madre la olvida,Y como a quien es la honra.La madre en el preferente,Pues aunque parte no tomaDel condado en el gobierno,Siempre en su casa es señora.Detrás del conde está SanchoQue la confianza gozaDe su señor, y le sirveCon atención oficiosa [23] .Tras doña Blanca está Estrella,Que es la camarera sola [24]Que la sirve ha [25] largo tiempoEn la mesa y en la alcoba.Escancia Sancho el licorAl conde con mano pródiga,Y lo hace con la condesaEstrella con la mano sobria.Bebe el conde cual lo exigenLas fatigas que lo agobian,La condesa cual permiteEl decoro en su persona.Él como hombre que pelea,Caza y medita y trasnocha,Ella cual madre de príncipesY como ejemplar matrona.Aunque larga en las viandasMesa es en palabra corta,Cosa en quien negocios tieneDe grave interés, muy propia.Crúzanse, pues, las palabrasInterrumpidas y pocasEn tanto que los manjaresEl apetito acogotan [26] .«Sancho, dijo de repenteEl conde, escancia Borgoña [27] ,Que aunque es un licor extranjero,Deja buen gusto en la boca».Lo cual, la condesa oyendoIntervino presurosa:«Estrella, sírvele al conde;Sancho, trincha tú esta lonja [28]Que aunque de parte escogidaNo tiene punto de sobra».Palideció un tanto EstrellaAsiento al punto la copa,Y asió del cuchillo SanchoCon mirada escrutadora.Frunció doña Blanca un pocoLos labios que descoloraLigero matiz morado,Señal de temor o cólera,Y don García serenoCon gravedad majestuosa,Fijos los ojos en ellaEl vaso llevó a la boca.Paró el cuchillo MonteroInmóvil sobre la lonjaQue dividía, y EstrellaSe estremeció de congojaEn tanto que doña BlancaCon hondísima zozobraLe contemplaba, sus ojosSaltándola [29] de las órbitas ;Y en ese momento el conde,Alargándola la copaLe dijo con voz tremenda :«Bebed primero, señora».- «¡Yo!» replicó la condesaCon voz descompuesta y cóncava.- «Vos misma» la [30] dijo el condeCon voz iracunda y bronca. Postróse Sancho de hinojosSentencia tan horrorosaAl escuchar, pero en vano,Nada a don García asombra.De cólera y de venganzaVértigo infernal le acosa,Y todo su ser a su impetuSe descompasa y trastorna.Todo recuerdo calmante,Toda intención generosa,De la indignación a impulsosDel corazón se le borra:Y con el brazo extendidoY faz amenazadoraA la condesa presentaResueltamente la copa.«¡Señor!» exclamó Montero.- «¡Vasallo! (en voz tronadoraInterrumpió don García)Quien por infames abogaSólo cavar su sepulcroJunto a su sepulcro logra».Y a la condesa volviéndoseSiguió diciendo: «Señora,Venderle queréis al moroMi cabeza y mi coronaQue con torpeza inauditaY amor sacrílego compra;A morir, pues, disponeos,Como liviana y traidora.- ¡Hijo mío! - No, apartadTal nombre de la memoriaY ¡voto a Dios!, bebed pronto,Que mi paciencia se agota.- Hijo mío, por la santaEsperanza de una gloria…- Callad y apurad el vaso…Esa es la vuestra y no hay otra».Y aquí la condesa viendoQue es vana esperanza todaDesesperada y sañudaContra sí misma se torna.Radió en su fiero semblanteHorrenda la expresión diabólica,Relámpago del infiernoQue en su corazón aloja;Y con firmeza que fueraEn causa mejor heroicaApuró de un solo tragoLa preparada ponzoña.Cayó sin sentido Estrella,En oración fervorosaSancho encomendó su alma,Y el conde con mano prontaArrojó contra las tapias El resto de la ponzoña.Quedó la condesa un punto,Fantasma amedrentadora,Frente a don Sancho en silencio,Mas pronto el fatal BorgoñaTendióla en tierra de espaldasA fin desastrado próxima. CONCLUSIÓN Es una noche lóbrega y oscura:No ilumina la luna el firmamento,Y en la atmósfera impuraDensos vapores amontona el viento.De espesos nubarronesPor su turbado azul lentos avanzanPrendados escuadronesQue el aire sorben donde el aire alcanzan.No corre ni una ráfaga perdidaQue temple de la atmósfera el bochorno,Y el aura de la tierra desprendidaExhalada parece de algún horno :Y dijeran que humeaPróxima a vomitar la oculta llamaSi el relámpago pronto centelleaY el ronco trueno en las llanuras brama.En un balcón que a los jardines miraDel palacio de Burgos, en que mora,Sombrío y melancólico suspiraDon García a deshora.Él es: y al recordar de doña Blanca,Su muerta madre, el infernal intento,Hondos suspiros de su pecho arranca,Que rechaza tal vez el firmamento.Y el llanto que en sus párpados se estancaY el semblante humillado y macilento,Muestran que es ya su bárbara sentenciaCarcoma [31] que desgarra su conciencia.Sus miradas en tierra, distraídoFija, sin ver lo que a sus ojos tiene,Y en el confuso tropel descoloridoPasan por su memoria las ideasTardas en paso y en contorno feas.A veces frunce, receloso, el ceñoCual si oculto pesar le atormentara,Y a veces gime cual si en negro sueñoFantasma aterrador se le mostrara.A veces reteniendo en su gargantaEl desigual alientoAgitado su pecho se levantaCual mar que en tumbos desordena el viento.Y a veces tenuemente repirando, Resistiendo la fiebre que le agita,En siniestro delirio divagandoLánguidamente al parecer dormita.Todo al fin en el conde está mostrandoQue grave asunto con afán meditaY se ve que su bárbara sentenciaEs el peso que abruma su conciencia.Muchas veces acaso en su abandonoLas leyes invocó que defendía;Razón hallaba en el salvado tronoQue su venganza autorizar podía,Pero siempre tras él con fiero enconoSalir la sombra de su madre víaY la ley, la razón y el pensamientoCedían al tenaz remordimiento.Mas tendamos, lector, un velo oscuroSobre este cuadro de venganza y duelo,Que es caso a fe de comentarse duroQue ya ha pesado en su balanza el cielo:Caso, lector (y con verdad lo juro),Cuya razón escudriñar no anhelo,Pues pliegues son del corazón humanoQue intenta el hombre penetrar en vano. *** Largo tiempo pasó de esta maneraY mucho más el conde así pasaraSi por bajo cruzar de su vidrieraMisterioso embozado no mirara.A la rápida luz de los relámpagosSu bulto en las tinieblas perseguía,Los ojos con afán desencajandoSi en medio las tinieblas le perdía;Mas siempre hallarle en el jardón rondandoCon el nuevo relámpago volvía.Brotó en su corazón sorda sospechaY, espoleando el honor sus presunciones,Pronto entendió que el embozado acechaDe su alcázar o puertas o balcones.Y al poco seña misteriosa oyendoPor una reja le alcanzó trepando,Y en ira a él encaminóse ardiendo.Con silenciosa y recatada huellaLlegó a la estancia de la hermosa Estrella,Y luz viendo alumbrar la cerraduraLa airada vista enderezó por ella.Mas apenas la línea había cogidoQue la abertura con luz marcaba,Oyó como de gente que lidiabaDentro del cuarto temeroso ruido.Entre él y la bujía en un instanteDos cuerpos a la par se interpusieron,Que a poco en tamboleo vacilanteA la par con estrépito cayeron.Lánzase dentro el irritado conde,Y al ver el sitio dondeLa luz prosigue, la afilada puntaLes pone de su estoque a la garganta.Y «¿Quién se atreve, vive Dios!» pregunta:A cuya voz: «¡Soy yo!» Sancho responde,Que de ellos solamente se levanta. CONDE¡Qué es esto, Sancho! SANCHO M. Señor,Si es que lo hecho os enoja,Sacadme con esta hojaEl alma con el honor. CONDE Concluye, Sancho, ese hombreQue tienes muerto a tus piesBañado en sangre, ¿quién es? SANCHO M.Muza, señor, no os asombre.Sin miramiento al decoroQue en vuestra casa se encierra,Contando iría a su tierraVuestra deshonra ese moro.Yo le esperé y le maté;Si os culpa su rey, señor,Tratadme como traidorY entregadme, que yo iré; Pues quiero de mejor gana,Que el moro traidor me llame,Que oírle dar por infameA una noble castellana. Tendióle la manoTal oyendo, y replicó«Sancho, así quisiera yoTodo el pueblo castellano.Cuál es tu nombre?» SANCHO M. Espinosa. CONDE¿Eres noble? SANCHO M.Hidalgo soy. CONDETu casa será desde hoyY tu familia famosa.Desde hoy serán mis monteros,Y de lealdad por galaDormirán en mi antesalaSus bizarros caballeros. Y lléveme BelcebúSi temo a nadie en la tierra,Si en la paz son y en la guerraTodos ellos como tú. *** Lector, la buena memoriaQue de su madre guardó,Excuso decirla yo,Pues te lo dice la historia;Recuerdos hay todavíaQue atestiguan opulentosLos muchos remordimientosDel conde Sancho García. Diré, pues, la sola cosaQue sus recuerdos exigen,Y es: que de él tienen origenLos Monteros de Espinosa. [1] El autor se referirá a la leyenda « Historia de un español y dos francesas » en Cantos del Trovador .[2] Es posible que que el autor haga referencia a su situación económica, muy difícil.[3] Trapa : nombre utilizado para designar a la Orden religiosa del Císter.[4] El autor hace referencia a la guerra de Independencia contra las tropas napoleónicas (1808-1814).[5] veían[6] tropas[7] No pongas las manos en el fuego[8] Desde que[9] Ocultándolo[10] Vestidura mora que se parece a una capa[11] Especie de sable corto y curvado, con filo solo por un lado y doble filo en la punta, utilizado por los orientales[12] Fiesta o reunión nocturna con baile y música[13] Frasco[14] Extraño, extranjero, raro[15] Referencia al pintor Rafael, oriundo de la ciudad italiana de Urbino[16] ahora[17] acostumbrada[18] pálido[19] Fin[20] Le[21] Bastidor de madera, cristal, etc., para dividir una habitación o para aislar parte de la misma, o puerta ligera[22] Parte superior de las puertas y ventanas que carga sobre las jambas[23] Diligente[24] Única[25] Hace[26] dominan[27] Región de Francia en la que se produce vino, que lleva el nombre de esta región[28] Loncha (de pan, jamón, carne)[29] Saltándole[30] Le[31] Preocupación continua que mortifica y consume | |
| dc.description.provincias | Castilla y León::Burgos | |
| dc.description.ubicacion | Burgos | |
| dc.identifier.citation | Leyendas y cuentos del siglo XIX , ed. de José Luis Molina. | |
| dc.identifier.uri | https://hdl.handle.net/10641/8467 | |
| dc.identifier.url | http://www.espinosadelosmonteros.burgos.es/ | |
| dc.leyendas.bibliografía | Bautista, Francisco. "Pseudo-historia y leyenda en la historiografía medieval: la Condesa traidora." El relato historiográfico: textos y tradiciones en la España medieval (2006): 59-101. | |
| dc.leyendas.bibliografía | Gracia, Paloma. "La leyenda de la Condesa Traidora: observaciones sobre su estructura y significación." Actas del VI Congreso Internacional de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval (Alcalá de Henares, 12-16 de septiembre de 1995) . Universidad de Alcalá, 1997. | |
| dc.leyendas.bibliografía | Lasa, J. Ramón Prieto. "Zorrilla y la poética del éxito: Sancho García." Revista de literatura 74.148 (2012): 447-472. | |
| dc.leyendas.bibliografía | Ratcliffe, Marjorie. "Ambición y maternidad: la leyenda de la condesa traidora en el teatro épico-histórico de los siglos XVIII y XIX." Actas del XVI Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas: Nuevos caminos del hispanismo... París, del 9 al 13 de julio de 2007. Iberoamericana, 2010. | |
| dc.leyendas.obras | Crónica Najerense (s. XII) – | |
| dc.leyendas.obras | De rebus Hispaniae de Rodrigo Jiménez de Rada (s. XIII) | |
| dc.leyendas.obras | Romancero Viejo | |
| dc.leyendas.obras | Lope de Vega, Los Monteros de Espinosa. | |
| dc.leyendas.obras | Cadalso José, Don Sancho García (1770) | |
| dc.leyendas.obras | Fernández y González, Manuel. El Montero de Espinosa, Rosa y Bouret, 1868. | |
| dc.leyendas.tema | Tradiciones históricas | |
| dc.rights | Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International | en |
| dc.rights.accessRights | open access | |
| dc.rights.uri | http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/ | |
| dc.subject.leyendas | Doña Blanca Ava ofrece una copa envenenada a su hijo el conde don Sancho. | |
| dc.subject.leyendasPersonajes | El Gobernador de Castilla Sancho García y su madre | |
| dc.subject.leyendasPersonajes | La condesa, de origen francés | |
| dc.subject.leyendasPersonajes | Sancho Montero | |
| dc.subject.leyendasPersonajes | El paje del conde | |
| dc.subject.leyendasPersonajes | Estrella, la novia del paje, recogida en su niñez por la condesa | |
| dc.subject.leyendasPersonajes | El embajador moro Muza | |
| dc.subject.leyendasPersonajes | Amante de la condesa | |
| dc.title | El Montero de Espinosa | |
| dc.type | other | |
| dspace.entity.type | Leyenda |
