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La plaza del Azafranal

dc.contributor.authorG. del V.
dc.coverage.spatialeast=-4.528801599999952; north=42.0096857
dc.coverage.temporalSigloSiglo XVI
dc.date.accessioned2026-04-13T08:10:32Z
dc.date.available2026-04-13T08:10:32Z
dc.description.abstractEn la oscuridad de la noche una pequeña comitiva entra en la iglesia para dar sepultura a la madre, muerta en el parto y bautizar a la niña recién nacida
dc.description.leyendas La plaza del Azafranal    I. Palencia tiene por nombreen Castilla una ciudady en ella un sitio que llamanplaza del Azafranal.En esta palaza hay un temploque aun hoy dedicado estáa la Virgen de Afligidoscon devoción especial.Era una noche de agosto,destemplada por demáscon furia el viento se oíacomo en diciembre soplar.Apenas dadas las doce,allá entre la oscuridad,en sendas capas envueltosvénse dos bultos cruzar.A la pared de la iglesiatan arrimados están,que del gótico edificioparte parecen formar.Y aunque es oscura la nocheno lo es bastante quizáal gusto de un hidalgoque impaciente por demásdice al otro que a su ladoestá quedo y sin chistar.-“Alarcón, las doce han dado,mucho tarda el sacristán”“si alguno tal vez aciertapor este sitio a pasary nos conoce, ¡por Cristo!”¿qué de mi honra será?Cinco minutos apenasotro bulto, que del temploderecho a la puerta va,se vido entrar por la plazacauto y receloso asaz:llegado frente a los dos,que esperan de cierto al tal,en voz confusa pronuncia-“San Antonio”, y sin dudar-“Santa María”, respondeel impaciente galánel recién llegado entoncesfuese del templo al umbral,miró a un lado y al otrosi alguno puede acechar;abrió en silencio la puerta,y entrando con los demás,volvióla, sin hacer ruido,y con cautela, a juntar.Por otro extremo de plazaen misterioso ademánotros dos hombres entrarona paso ligero asaz.Un bulto con gran cuidadollevan marchando a compásy les siguen otros dosque visten traje talar.Hacia la iglesia los cuatromuy embozados se van,con tiento la puerta empujan,que entornada está no másy entrando en el templo todosluego que dentro él estáncon llaves y con cerrojostornan de nuevo a cerrar.Hallábase a la sazónhospedado en la ciudadel señor emperadorcon su servidumbre real,y acaeció que solíafrente la iglesia hospedarun honrado y buen hidalgodel seguimiento real;que aquella tarde de Dueñasacababa de llegar,temeroso de la peste,que diz que encendida está.Desvelado el buen hidalgopor mor del fuerte huracánoyó del vecino templola puerta abrir y cerrar,púsose luego en acechoy vio entre la oscuridadalgo de lo referido,que le hizo en sospecha entrar.Y a ver a Juan de NevaresAlcalde ordinario y realque gobernaba aquel añoen nombre de su majestad,fuese, porque hiciera presosa los que en la iglesia estány cuenta dando del casotan raro y de gravedadal señor emperador,justiciero sin igualmande hacer en los culpadosun escarmiento ejemplar                      II.   El entierro y el bautizo Reina dentro del templo silenciosopavor, y negra oscuridad profunda;con resplandor mezquino y zozobrosouna lámpara brilla moribunda.En los pintados vidrios resonandoel viento, aquel silencio interrumpía,y la luz a su soplo fluctuandoalma parece en la última agonía.Oyéronse crujir lentas pisadasdel terco pavimento en los sillaresy fantásticas sombras enlutadascruzar entre los góticos pilares.De negro paño funeral cubiertahay una mesa del altar enfrentey el cuerpo inanimado de una muertasobre ella han colocado tristemente.Juventud y hermosura bajo el velode gasa, en él su rostro se veíaresto de un alma que volando al cielode lo que apreció el mundo se reía.El uno de los últimos llegados,de noble continente y apostura,tanta gracia y encantos marchitadoscontempla con silencio y amargura.Dos hombres del altar algo apartadoshondo sepulcro en el un lado abríany a otro de estola y hábitos moradoslos demás con respeto le atendían.Leyendo está devotas oracionesen descargo a las culpas de la muertaoprimido de amargas sensacionesel doliente mancebo a hablar no acierta.En su plegaria religiosa cesael que era preste y lleva al cuello estolaechar manda el cadáver a la huesay bendición y preces interpola.Entonces fue que el afligido amante,o esposo, furibundo se levanta,y del yerto cadáver, delirante,oprime con sus brazos la garganta.Nadie al mirar su amargo desconsueloa apartarlo del cuerpo se atrevíael sacerdote, señalando al cielosolo osó reprender tal demasía.Y en el hoyo del cadáver arrojando“Dios, dijo Rey de reyes, nunca yerra”y “en paz descanse”, luego pronunciandocubrióle el rostro de grosera tierra.Había en el mismo templouna pequeña capillay de bautizar en mediodispuesta estaba una pilaAllá dirigióse el prestecon toda la comitiva,y uno de ella, que hasta entoncesen la capa se envolvíasacó envuelta en ricos pañosmedio expirante una niña;Y aquel que en el pecho llevacruz de hermosa pedrería,púsole sal en la boca,en la frente agua bendecidaY al afligido mancebovolviendo luego la vista,¿qué nombre, le preguntóha de ponerse a la niña?Juana, que es el de su abuela,contestó en voz conmovida.Y el preste puso por nombreJuana a la recién nacida,saliendo todos despuésde la pequeña capilla.Ante el altar de la Virgen,con veneración se inclinany su santa bendiciónles da el obispo en seguida.Para salir se disponenque el día viene ya aprisay a la puerta por do entraronsilenciosos se encaminan.Al abrirla el sacristángritó una voz conocida-¡Alto, allí téngase todos,presos dense a la justicia!”Con sorpresa ven la puertapor ballesteros cogida,y entonces el que en el templocon tanto duelo gemía,la voz esforzó, diciendoal que veda la salida-“Venga a mí Juan de Nevares”Y el mismo que hablado había(Que Juan de Nevares era)con una luz se aproxima;adelántase el mancebodel rostro el embozo quitay dícele. “¿Conocéisme?-¡Santo Dios!- Nevares grita-¡El señor emperador!”-“silencio” el otro replica,y embozado hasta las cejassale con su comitivapor entre los ballesterosque libre paso le abrían. Conclusión A pocos días después,de caso tan estupendo,el obispo de Palenciaque era Don Pedro Sarmientopor la mitra de Santiagofue a su Santidad propuesto;A pocos días más tardeiba la cuesta subiendo,de Dueñas Juan de Nevares honrado con el empleode familiar de la santaInquisición, y a este tiempodon Juan Guevara y Camargotuvo por encargo regio,que ir a Paredes de Navadonde en buen alojamientoestán los embajadoresque acompañan el real séquito.Don Fernando de Alarcónpocos días después de esto,iba a Becerril de Camposdo tiene aposentamientola emperatriz, y de haciendael muy ilustre consejo...Y pocos años más tarde,de tan extraño suceso,volviéronse a juntar todosOtra vez....¡en el infierno!”
dc.description.provinciasCastilla y León::Palencia
dc.description.ubicacionPalencia
dc.identifier.citation“Leyenda del siglo XVI”, El Fénix, tercera serie, tomo IV, num. 141, 11 de junio de 1848, pp.355-356
dc.identifier.urihttps://hdl.handle.net/10641/8037
dc.leyendas.bibliografíaSobre la hija natural de Carlos V, Juana, nacida en 1522, de su romance con una joven del entorno del conde de Nassau. La niña murió a los dos años de edad en un convento de Madrigal de las Altas Torres, donde había sido alojada junto con la madre, bajo la tutela de la madre abadesa, doña María de Aragón, hija natural, a su vez, de Fernando el Católico.
dc.leyendas.temaPersonajes célebres
dc.rightsAttribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 Internationalen
dc.rights.accessRightsopen access
dc.rights.urihttp://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/
dc.subject.leyendasPersonajesCarlos V
dc.subject.leyendasPersonajesJuan de Nevares
dc.subject.leyendasPersonajesDon Pedro Sarmiento
dc.subject.leyendasPersonajesJuan de Guevara y camargo
dc.titleLa plaza del Azafranal
dc.typeother
dspace.entity.typeLeyenda

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