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La lealtad y el honor

dc.autor.muerte1919
dc.autor.nacimiento1856
dc.contributor.authorAtanasio Palacio Valdés
dc.contributor.otherPilar Vega Rodríguez
dc.coverage.spatialeast=-4.866703499999971; north=43.3091806
dc.coverage.temporalSigloSiglo VIII
dc.date.accessioned2026-01-07T09:20:33Z
dc.date.available2026-01-07T09:20:33Z
dc.description.abstractEl rey seduce a Florinda y traiciona a su más fiel vasallo Sancho, con quien acababa ella de desposarse. El marido da muerte a la esposa y se suicida.
dc.description.leyendasLa lealtad y el honor. LeyendaA mi queridísimo amigoGuillermo Campa y Morán                      I   Las bodas. A orillas del río Nalóncerca del pueblo de Inguanzo,en la espesura de un bosquey del bosque en lo más alto,yergue altivos sus torreoneslos cielos desafiando,el castillo de Lorio[1]más que castillo, palacio.Con su puente levadizopor gentes de armas guardado,sus altísimas almenas,su foso profundo y anchoy sus muros de granitocon honores de alabastro,tesoro es la fortalezapor muchos ambicionado;pero es su dueño Garcésy fuera bien temerarioquien un día pretendierapor la fuerza conquistarlo.Joven, de apuesta figuray de corazón bizarro,no hay otro Sancho Garcésen todo el reino asturiano. De gala viste el castillosus banderas ondeando,de gala sus torreones,de gala van sus soldados,y de la extensa comarcaentre danzas y entre cantoshombres mujeres y niños,deudos, amigos, vasallos,llegan en traje de fiestacon primor engalanados.En confusión y algazarasus penas al aire dando,atraviesan el portilloy desbórdanse en el patiocomo mar en cuyo senohierven olas de entusiasmo.Gran día es el que hoy esperanansiosos y alborozados,pues antes que el sol se oculte.van a unirse en santos lazosDoña Florinda de Ausevay el valeroso Don Sancho. Por la espesura del bosquecon estrépito cruzando,viene airosa cabalgataque es admiración y pasmoen todos los moradoresde los contornos de Inguanzo.Presídela, con solturasu negro potro guiando,señor de luengas melenasy de semblante atezado,rey de nobles y plebeyosy de Asturias soberano.A la derecha, en overobrioso, lucio y gallardo,con ricas galas vestiday hermosa cual flor de Mayo,camina doña Florindahija del conde Gonzalo.A la izquierda, por el pesode los años doblegado,marcha el obispo de Oviedoenvuelto en morado manto:siguiendo después en ordensegún su clase y su rango,damas, marqueses y condes,caballeros y soldados.Al frente de su mesnadanoble alazán refrenando,aguarda Sancho Garcésa su rey y soberano;si más no aguarda a la bellaque marcha del rey al lado,la reina de su albedríopor quien vive suspirando.Ansioso de ver los ojosque le tienen subyugado,siente en el pecho una angustiay en el alma un sobresaltomezcla de gozo y temor;que si el corazón bizarrojamás de miedo temblara,hoy tiembla de enamorado.Llega al fin la cabalgata,y el noble adalid cristianoofrece al Rey su homenajeentre sumiso y turbado.Después por el viejo puentevan al castillo pasando,y en su losado retumbael piafar de los caballos. Un espacioso salónaguarda a los convidados,salón cuyos muros cuentanlas hazañas de Don Sancho:de ellos penden las banderas,los estandartes brocados,las cimitarras y alfanjes,las jacerinas[2] y cascos,las adargas[3] y las lanzasde agudo pincho acerado,que en cien sangrientas batallasel valeroso asturianoa las huestes musulmanascon su arrojo ha conquistado Ya acabó la ceremoniaen que con vínculos santoshijos de la fe cristianael reverendo preladounió aquellos corazonespor el amor ya enlazados.Los escuderos y pajesvan delante abriendo pasoentre la masa de gentesque allí se apiñan gritando"Viva el Rey, viva Florinda,viva el caudillo D. Sancho;"y la regia comitivay los recién desposadossuben de la ancha escaleralos marmóreos peldaños,dirigiéndose a la estanciado está el festín preparado.El banquete da comienzoy en los cincelados vasosbulle el espumoso zumoque pesares y cuidadosdisipa, el contento esparcey acaso al fin turba el ánimode los que en prolijos brindiscelebran el hecho fausto. Garcés mirando a su amadaestá también trastornado;pues aunque el vino no pruebay secos están sus labios,bebe de amor en las fuentesel licor almibarado.En tanto bajo la espesamelena del soberano,una tempestad se agitade desventuras presagio:su semblante se oscurecey sus ojos lanzan rayosque de Florinda pretendenherir el candor sagrado.¿Por qué al rey parecen hoyde la hija de Gonzalomayores los atractivosy mayores los encantos?...¡Oh vil condición humana!del pájaro que enjauladosomos dueños y verdugos,ya las galas no admiramos;pero apenas, rotas yalas prisiones que le ataroncelebra su libertadhendiendo alegre el espacio,de sus bellezas que huyensentímonos encantadosy nuestra ambición ansianuevamente aprisionarlo... Al fin, sacudiendo el yugode su penoso letargo,el monarca aquestas frasesdice en tono destemplado: — Trovador, de tus cancionesel eco sonoro y blandohoy cuente de amor endechasya que hoy amor celebramos. Calló el rey, y el trovadorasí comenzó su canto:  Dejadme, mis señores, templar el arpacon que cantar hoy quiero ayes del alma,ayes que expresenlas cuitas del que triste cantando muere.De amores una historia voy a contarosque de niño mi madre me ha relatado:loco olvídela -61-sin pensar que la historia mi dicha era.“Como la aurora bella que el campo bordarasgando las tinieblas de densa sombra.ángel de amoresrasga con sus miradas los corazones.""Sorda siempre a las quejas de mil galanesla niña solo cuida de sus rosales;mas hubo un díaque al coger una rosa sintióse herida.''"El viento del destino la rosa lleva,dejando allí aquel ángel muerto de pena.¡Ay, sus amores,duraron lo que duran las tiernas llores!'"Desde entonces llorando, espera, espera,y la rosa querida no vuelve a verlaAl fin un díaa visitarla vino la muerte fría."Quiera Dios que el destino, dijo mi madre,de tus prendas queridas jamás te aparte.que ausencias matan de amor los sentimientos que guarda el alma.Del trovador los acentossuavemente se apagaron.El ruido volvió a crecer,volvieron llenos los jarros,volvió Garcés a su ensueñoy el rey volvió a su letargo;pero éste ya no mirade Florinda los encantos,que su vista fija tienedel estandarte brocadoen una mancha de sangreque ostenta altivo y ufanoy que Don Sancho por élde la lid vertió en el campo.¿Acaso siente al mirarlael remordimiento santo?¿Acaso ya en sus pasionesve del honor el estragoy contempla aqueste abismocon terror y con espanto?¿Acaso....? Alas no, que el fuegode la traición ha forjadoaquella alma sin bondadesy aquel corazón de fango;es que, cual de hiena engendro,la sangre atrae sus pasos.Ya el sol llevándose el díadesparece en el ocasoy las sombras al oteroenvuelven en negro manto.La comitiva del bosquela espesura va cruzando,que el monarca con sus noblestorna a su regio palacio.Hacia sus pobres viviendasmarchan también los vasallosy poco a poco el bulliciodel castillo va cesando:sólo se escucha el arrulloque cual de dichas halagomurmuran los dos amantes;palomas que han olvidadoal gavilán que se ciernesus venturas acechando.Vagabundo el trovadoraléjase solitarioy para olvidar sus penasestos ayes da al espacio:— Dios quiera que el destino siempre implacablede las prendas queridas nunca os separe;que ausencias matande amor los sentimientos que guarda el alma. Revista de Asturias: ilustrada científico-literaria: Tomo SEGUNDO Año IV Número 4 – 29 de febrero de 1880 pp. 59-61  II.  La partida-. Cuatro días ya pasarondesde aquel que en el castillolas bodas se celebrarondel valeroso caudillo;y en un camarín doradodel sol por los resplandores,que en la alta torre situadoes bello nido de amores,están Florinda y Garcés,pareja que enamoradasolo ve el mundo al travésde su dicha regalada.Muévense sus corazonesal impulso del amor,y ni escuchan las cancionesdeI alado ruiseñor,ni miran en la ancha vegaal Nalón que se desatay que las praderas riegacon lindas cintas de plata. Pues ya es cosa muy sabiday de sabida olvidada,que si hay amor, de la vidalo demás, no importa nada.¿Más por qué Florinda cesaa veces en su alegríay vése en las sombras presade triste melancolía?Es que del Rey los intentosadivinó en el mirar,y en un mar de pensamientossiente su fe zozobrar;o que su exaltada mentehallar penas se figura,donde existen solamentegoces, amor y ventura?Nada de ello dice el texto,ni nada la historia reza,más bien se ve que era aquestola causa de su tristeza;pues es ley universal,que cuando todo es placernos finjamos algún malansiosos de padecer.Y así a Florinda pasaba;pero Garcés que extasiadoen sus ojos se miraba,esto le dice enojado. Garcés.— ¿Por qué mi bien no me mirasy tristes están tus ojos?¿Por qué callas y suspiras?— ¿Es que mi amor te da enojosy mis caricias hastío?¿Quién causó en ti tal mudanza?¿Quién motivó tal desvío?¿Quién destruyó mi esperanza?Habla presto, por piedad, -94-y cesen ya tus rigores,que es horrible crueldadrobarme así tus amores. Florinda.— No, Garcés: fuera de sítu mente quizás está,que el amor que puse en tinadie robarte podrá.Con guardián y con cerrojosténgole yo bien seguro,que son aquestos tus ojosy es aquel mi afecto puro.Mas desde la tarde aquellaen que cantó el trovadorlos amores de una bellay la traición de una flor,no sé qué triste dolenciaapresó mis pensamientos,pues algo dijo de ausenciay muerte de sentimientos:y como espectro infernal,de aquella terrible historiael desenlace fatalvive fijo en mi memoria.Y pienso que si algún díatú de mí te separaras,yo también me moriría,si cual la flor me olvidaras. Garcés.— ¡Yo olvidarte, amado dueñopor quién mi pecho suspira!¡Yo olvidarte! Vano ensueñoes de tu alma que delira.Si al astro le fuera dadodetenerse en su carrera,volviendo en rizo escarchadosu rojiza cabellera;y a la flor perder su encanto,y al mar sus aguas azulesy al prado su verde mantoy al cielo sus ricos tulesde zafir, de grana y oro;aun cuando aquesto pasara,yo te juro mi tesoroque de tí no me olvidara;pues es más firme mi amorque es el sol en su carreray es en su encanto la flory en su verdor la pradera.... Florinda.¡Oh mi vida, alma del alma!tú mis dudas desvaneces,tú me devuelves la calmay a mi ser me restableces;que es cual tú dices deliriocreer en tal fantasía,y fuera ausencia, martirioque yo jamás sufriría. Garcés.¿Y a que en ausencia pensar?¿Quién estos sagrados lazososaría desligar,si son cadenas mis brazosque ni se rompen, ni ceden,siendo todo esfuerzo vano,pues quebrarse solo puedenante un poder sobrehumano?Si el destino en otros díasde ti apartarme quisiera,tú siempre a mi lado iríasaunque al fin del mundo fuera;que es adorarte mi sino,y tu alma es el luceroque ilumina mi caminomarcándome el derrotero,"—Tres golpes que acompasadosen la puerta se sintieron,de los recién desposadosel coloquio interrumpieron.Un escudero, ya anciano,después en la estancia entróy de Garcés en la manoun pliego depositó.Cógele aqueste anhelante,mírale con avidez,y cúbrese su semblantede espantosa palidez;pues el Rey en él le ordenapartir al punto a lucharcontra la hueste agarenaque en Asturias quiero entrarde Tarna por la garganta;y aun cuando perder la vidani le arredra ni le espanta,hoy tiembla ante su partida;que es en verdad muy cruel,llegar a gozar del cielo,para luego caer de él,rotas las alas, al suelo.Pero Garcés recobrandosu natural ardimientoy sus pesares ahogando,— "Ordoño — exclama— al momentoavisa a toda mi gente,que a la lucha vengadorase aperciba diligentepara partir sin demora,que hoy del infiel altanerohay que domar la fiereza." —Y el ya caduco escuderoreplícale con presteza:— "Bien está; mas yo, Señor —— "Tú aquí— dice— has de quedarque aquí se queda mi amory tú le debes guardar." —— "Alto honor me concedéis,—Ordoño contesta,— maspor quien soy que no tendréisque arrepentiros jamás." —Y estas palabras diciendo,con paso tardo y pesadova hacia el corredor saliendo,mientras Garcés grita airado:— ¡Ay del que a la lid provocasin mirar en su demenciaque es el pecho astur la rocaque escuda su independencia,y que mientras de tal gentede sangre una gota exista,no habrá ejército valienteque a sus empujes resista!Mal hacen, sí, ¡vive el cielo!mi rencor en excitar,que hoy he de ver por el sueloa sus cabezas rodar;y tantas han de caer,y tantos han de morirque un mar de sangre he de hacerdonde ahogue mi sufrir." —Y ardiendo en sed de venganza,ciñe al cuerpo la tajante,y hacia la salida avanzacomo un monstruo delirante.Mas Florinda que vencidapor dolor tan presentido.-95-siente se marcha su vidaal marcharse su marido,corre la puerta le cierra,y los brazos extendiendoa su garganta se aferra,aquestas frases diciendo: Florinda,— "¡Oh no, mi bien, no te irás! Garcés.El honor me llama allí. Florinda.Si al honor buscando vos,el honor te llama aquí. Garcés,No atormentes mi razón,que el partir pronto ha de ser. Florinda.Ni tú tienes corazón,ni sabes lo que es querer.¡El alma intentas llevarmeque en tus ojos engarce,¿y no ves que esto es matarme? Garcés,¿Por qué, Florinda? Florinda.¿Por qué?¡Y me lo preguntas, ciego!¿Pueden existir las Floressi del sol les falta el fuegoy del dura los amores?¿Puede vivir en el mundoy de sus dichas gozareste cuerpo ruin, inmundo,sin aire que respirar?Y en fin, hasta el orbe entero¿piensas tú que existiríasin ese Dios placenteroque le presta su armonía?Pues bien, mi sol son tus ojos,mi ambiente son tus respiros,mi ley tus dulces antojosy mis auras tus suspiros. Garcés.Por mi patria y por mi Diosa luchar voy y a vencer. Florinda.Pues allá iremos los dos. Garcés.Eso no, no puede ser. Florinda.Tu amor antes lo decía;— que aunque al fin del mundo fuerasyo siempre a tu lado iría. — Garcés.¡Tú de esas humanas fierasal alcance! No, jamás.Tú en peligro de morir...Tú, mi amor... no, no vendrás. Florinda.¿Y quién lo puede impedir? Garcés.Quien te adora con pasióny es esclavo del deber.Quien lleva en su corazónpalabras de una mujer.Quien hoy allí vencerádel hijo de Agar el bríoy a tus brazos correrácual corre a la mar el río. " — Y con ansiedad ya loca,del dolor en el exceso,en el nido de su bocaimprime un ardiente beso.Después, de pena transidoun suspiro al aire lanza,semejante a un alarido;y raudo a la puerta avanza.Florinda cayendo al suelocomo estrella desprendidadel azul tapiz del cielo,dice con voz dolorida:— "Es terrible crueldad;intento andar... y no puedo.¡Oh! no te marches: ¡piedad!¡Tengo miedo, tengo miedo!—En una antigua ventanaque cual lindo girasolmuestra por tarde y mañanavivos reflejos del solFlorinda, la niña hermosa,la de la tez purpurina,como marchitada rosaen su alféizar se reclina.Su vista fija anhelante,en Garcés, que altivo y fierova de sus tropas delantey en su potro caballerocon raudo paso marchandopor la pintoresca vega;y al verle así, suspirandoen llanto de amor se anega.Vuelve después a mirarmas ya a su Garcés no vio,que un oscuro castañarcon sus sombras le ocultó.Esto de angustia la llena,y frotando aquellos ojosque espejos de aguda penason dos ascuas por lo rojos;torna a fijar sus miradasen la vega; y allá, lejos,de las lanzas aceradasdivisa al fin los reflejos.¿Es realidad o mentira,lo que ver se le figura?...Es que cuando el alma mirahalla do quier su ventura. Revista de Asturias: ilustrada científico-literaria: Tomo SEGUNDO Año IV : Número 4 – 29 de febrero de 1880, pág-94-95 La catástrofe, (III) La lanza puesta en la cuja[4]y al aire la luenga espada,do hierro el cuerpo vestidoy el corazón de arrogancia:en una fértil llanuraque lleva por nombre Tarna,Don Sancho con sus vasalloslleno de ansiedad aguardaa las musulmanas gentesque por la campiña avanzan,aguijando los corcelesy rechinando las armas,como legión de demonios,o cual tigres que se lanzanmás hambrientos que feroces,a caza de sangre humana.Ya el ronco clarín se escuchaque pregona la matanza:ya las tarjas[5] se divisany el brillo de las adargas,y ya al fin la gente aquellacomo las ondas del agua,cuanto más se va acercandomás y más su bulto agranda:mientras Garcés, como roca- 296-que en medio del mar situadade las olas desafíatoda la fuerte pujanza.en medio de sus valientesreta la salvaje audaciade las huestes agarenasque ya llegan ¡insensatas!sin ver que siempre en las rocasse estrellan las ondas de agua.La espesa nube de polvoque los jinetes levantan,oculta a los combatientesel trecho que les separa.Las voces y gritos cesan,las bélicas trompas callan,la ansiedad sigue en aumentoy el valor casi desmaya.De pronto, cual si chocasenpor los vientos agitadas,dos nubes que allá en el cielocon sonante trueno estallan;tal chocan llenas de enconotropas moras y cristianas,produciendo ruido extrañoque de pavor llena el alma.¡Buen empuje, vive Cristo,tiene la gente africana!Mas ¿quién resiste al embatede las huestes asturianas?Una, dos y hasta tres vecescon saña feroz se atacan :y cimeras[6] y turbantes,broqueles[7] y partesanas,[8]tarjas, lorigas, panceras [9]javalinas y azagayas, [10]como la débil aristaal aire desechas saltan,y a oírse vuelven los gritosque los combatientes lanzan,jadeantes de fatigay de exterminio en demanda,mientras la afanosa muertesobre ellos bale las alasy convierte el fértil valleen lago de sangre humanade sangre, que en nubesde grana, el cielo retrata. Como menos los cristianossienten que el ánimo faltay a retroceder empiezanperdida ya la esperanza:entonces Sancho Garcéslanzando de sí la mallay enseñando libre el pechocomo muestra de arroganciala bendita enseña toma,en el aire la levantay grita con voz de trueno:— "Mis valientes ¡a las armas!"la santa cruz os protege"y la victoria os aguarda;"si sangre hay en vuestras venas"aún hay libertad y patria." —Y blandiendo el fuerte acero,raudo por el llano avanza,seguido de aquellas gentesque, cual fieras irritadas,van el terror esparciendoy sembrando la matanza en las infieles legionesque ya de vencida escapan.Sin alfanje[11] ni tizona[12],sin casco, cota ni lanza,con la mirada anhelantey la faz desencajada,en su voladora yegua.cruza el campo de batallael viejo escudero Ordoñoque hora un mozo semejaba.por el calor con que diceestas terribles palabras: — "Don Sancho, señor, detente.escúchame, para, para:mira que el honor te robany el honor no se rescata!" —El noble astur, al principiocorre y corre, y no oye nada,pues la victoria le ciegay le enciende la venganza :mas luego una voz secretale hace saber su desgracia;que aunque se duerme el oído.si desdichas son la causa,para saberlas primerodespierta siempre está el alma:y pronto a salvar su honray a abandonar la batalla,de hielo el corazón llenoy de fuego la mirada.revuelve el corcel fogoso,las riendas suelta, y con sañael acerado acicate[13]en los ijares le clava.El potro libre del frenoy herido con furia tanta.la sedosa crin eriza,la gruesa nariz dilata,enarca el flexible cuello,cola y orejas levanta,y relinchando, su bocaabundosa espuma lanza,mientras la carrera emprendetan presta y acelerada,que ni zanjas le detienen,ni en los vallados repara;pero aún más rápidas vande Garcés las tristes ansias.pues para correr veloceshonra y amor les dan alas.El vendaval que irritadoañosas ramas desgaja,al pasar junto a su oídocosas murmura que espantan;y en las cóncavas cavernasde las lomas enriscadas,ya lanza silbos agudos,ya medrosas notas lanza,unas veces triste gime,otras, furioso rebrama.El río desde su caucecual si burlarse intentarade sus pesares y angustias,rompe en roncas carcajadas:y aquellas rojizas nubesque antes el cielo alumbraban,de luto cubren la tierraen negro manto tornadas. Al fin corriendo, corriendo,ve entre las nieblas opacas,del castillo los torreonesque en los espacios se alzancomo monstruos de granitoo cual siniestros fantasmas,y rendido a la fatigay de dolor presa el alma,ante aquellos toscos muros,tiembla, vacila y se para. — "iCuántos placeres perdidos,"cuántas muertas esperanzas,-297-"cuántas promesas desechas,"y cuánta ilusión burlada,"castillo de mis abuelos,"dentro de tu seno guardas!" Dijo, mientras por su rostrorodó silenciosa lágrima.Y súbito como el rayo,penetra en la barbacana,grita, la puente descuelgan,el profundo foso salva,y atravesando pasillos,corredores y antesalas,rugiendo como un leónda en la criminal estancia El camarín entre sombrasocúltase a sus miradas,que a veces hasta el delitotiene pudor de su infamia:y trémulo ya y convulsocon loco furor exclama:— "Al fin voy a ver cumplida"mi venganza, si por Dios;"aquí juntos a los dos"les arrancaré la vida. ¿Mas qué espantosa negrura"envuelve aquesta mansión?'¿La conciencia es del ladrón"o el alma de la perjura?" Y únicamente el estruendode la tempestad airadaque estalla en el negro espacio,respuesta da a sus palabras.Pero él irritado siguey ni ceja, ni desmaya,y esgrime el templado acerocontra las sombras calladas....AI cabo, escúchase un gritoy una voz. casi apagadaque suspira más que diceestos acentos del alma:— "Garcés... mi vida... tu encono"me mató... ¡Válgame Dios!"inocente muero... adiós..."adiós... que yo te perdono." — Don Sancho desesperadopor lo que de oír acabaen la oscuridad se agitagritando con febril ansia: — "Sombras, sombras, ¡todo sombras!.. "Y esa voz dijo inocentey al morir, no, no se miente...."Tapiz que ese cielo alfombras"rasga pronto la envoltura"que oculta tus luminares;"luz, luz para mis pesares;"luz, luz para mi amargura."" — Claro fulgor de relámpagoque las negras nubes rasga,por un instante iluminatoda la gótica estancia,y Garcés viendo en el sueloel cadáver de su amada,de hinojos cae a su ladomurmurando estas palabras:— "Mujer a quien tanto he amado,"centro de mis alegrías,¿por qué del placer los díasen sangre se han ahogado?"Del honor por los rigores"un paraíso has perdido,"pues fuiste el ángel caído"del cielo de mis amores...."Permitidme Dios clemente"que olvidando mis agravios,"pose mi amor en sus labios"y mi perdón en su frente.'"¿Perdón he dicho?... ¡Mas no!"que no puede perdonar"quien vio su honor arrastrar"y la afrenta recibió."Si eres mártir, en el cielo"hallarás la recompensa,"que para tan grande ofensa"no hay compasión en el suelo. "¿Pero qué es aquesto? Lloro,"lloro cuando el alma mía"la aborrece por impía,"la odia,., ¡no! si la adoro. "¡Pero alguien se mueve allí!"¿Eres tú, sombra infernal?"¿Tú la causa de mi mal?"¡Y me olvidaba de tí! "Débil mi espíritu fue"cediendo a impulsos de amor:"mas tiembla, tiembla traidor..."¿no ves que ya la maté ? "Y me habrás visto llorar,"y tal vez te hice reír;"pero al verte ahora morir,"cuánto, cuánto he de gozar." Y cuando encendido en cóleraa hundir iba en las entrañasde aquel seductor infamela tajante ensangrentada:este, irguiendo la cabeza.acércase á la ventanay muestra al claror del rayoaquella faz atezadaque terror daba al plebeyoy miedo a los nobles daba.Don Sancho reconociendoa su rey suelta la espaday espantado retrocede,mientras con asombro exclama: — "¡Cielos! ¿qué es esto que veo?"Vos mi monarca y señor,"vos me robáis el honor —"Si lo miro y ¡no lo creo!"Túrbase ¡ay Dios! mi razón"y no acierta a comprender,"cómo es que pueden caber"en un mismo corazón,"tanta divina grandeza"y tanta humana falsía;"más generoso sería"y menor vuestra vileza,"si para poder saciar“esa impúdica pasión,"antes de darme el baldón"la muerte me hicierais dar."Pero quiso esa alma aleve"el triunfo por la asechanza;"y pues que ya mi venganza"hasta vos llegar no puede,"cómo muere contemplad"quien jamás oí fue traidor...."Ella murió por su HONOR,"yo muero por mi lealtad». Y hundiendo el puñal agudohasta el pomo en su garganta,vino a tierra el cuerpo inertedesprendido ya del alma. EPILOGO. A orillas del río Nalóncerca del pueblo de Inguanzoen la espesura de un bosque -298-y del bosque en lo más alto,yérguese triste un torreónsus grandezas recordando.Recubierto por la yedraque le estrecha en dulce abrazo,sirviéndole de sostény al propio tiempo de manto,tomáralo el caminantepor habitación do endriagos,o por fábrica siniestraengendro del mismo diablo.Los labriegos del contorno,que terminado el trabajovuelven hacia sus viviendasansiosos ya del descanso,pasan lejos del torreónllenos de terror y pasmo,pues cuentan que en otro tiempohubo un rey tan sanguinarioque al dueño del viejo fuertemató por su propia mano,porque dicen prefiriómorir a ser deshonrado;y que cuando el asesinotrató de ponerse en salvo,como justicia supremaderruyó el castillo un rayo,sepultando entre sus ruinasal infame soberano. Desde entonces, también cuentan,y esto es lo que causa espanto,que el alma del rey, que estabasin duda vendida al diablo,en forma de enorme búhopasa las noches volteando,en redor de las almenasdel torreón solitario. .NOTAS[1] Lorio: parroquia del concejo de Laviana.[2] Jacerina: Cota de malla[3] Adarga: Escudo de cuero, ovalado o en forma de corazón[4] Cuja: Anillo de hierro sujeto al estribo derecho, en el que los soldados lanceros colocan el cuento de su arma.[5] Tarja: Escudo grande que cubría todo el cuerpo.[6]Cimera: Parte superior del morrión, que se solía adornar con plumas y otras cosas.[7] Broquel: Escudo pequeño de madera o corcho.[8] Partesana: Arma ofensiva con un hierro grande, ancho y cortante por los dos lados “adornado en la base con dos aletas puntiagudas o en forma de media luna”[9] Pancera: Pieza de la armadura que cubría y protegía el vientre.[10] Azagaya: Lanza o dardo pequeño arrojadizo.[11] Alfanje: Especie de sable, corto y corvo, con filo solamente por un lado, y por los dos en la punta. (Diccionario de la lengua española, RAE, 22. ed.)[12] Tizona: Espada.[13] Acicate: freno        
dc.description.provinciasAsturias, Principado de::Asturias
dc.description.ubicacionInguanzo
dc.identifier.citationRevista de Asturias: ilustrada científico-literaria: (Oviedo) t. II, año IV, núm.4– 29 de febrero de 1880 p. 59-61 y 94-95; núm. 19, 15/10/ 1880, pp.295-298.
dc.identifier.urihttps://hdl.handle.net/10641/6997
dc.leyendas.bibliografíaHernández, A. O. (2007). Revista de Asturias (1877-1883 y 1886-1889): literatura, ciencia y sociedad en los orígenes del Grupo de Oviedo (Vol. 16). Universidad de Oviedo.
dc.rightsAttribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 Internationalen
dc.rights.accessRightsopen access
dc.rights.urihttp://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/
dc.subject.leyendasEl rey seduce a Florinda y traiciona a su más fiel vasallo Sancho, con quien acababa ella de desposarse. El marido da muerte a la esposa y se suicida.
dc.subject.leyendasPersonajesFlorinda de Auseva
dc.subject.leyendasPersonajesSancho Garcés
dc.subject.leyendasPersonajesOrdoño
dc.titleLa lealtad y el honor
dc.typeother
dspace.entity.typeLeyenda

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