La posición de cámara y el montaje en el cine de Alfred Hitchcock como un acto moral.
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Si revisamos la literatura académica que estudia la dirección cinematográfica encontramos que ésta es habitualmente estudiada desde una de estas tres perspectivas: la técnica, las influencias externas y la expresión. En el primer caso, los estudios suelen centrarse en cuestiones como el tipo de cámara usada, el tipo de película -en su caso-, si se usan decorados o escenarios reales, la corriente de dirección de actores, etc. Muchas son las obras que hablan así de la filmografía de Alfred Hitchcock, como ocurre en Les grands Réalisatuers1. Las influencias externas se contemplan como directrices casi deterministas en la dirección cinematográfica. Así, la dirección se analiza como resultante de las vivencias personales de los autores, entendiendo que estas marcan tan profundamente su personalidad, que ésta impregnará necesariamente la obra del director a través de sus temas recurrentes y su lenguaje. En la línea de las influencias, aunque liberada de tintes deterministas, podríamos citar una de las obras más recientes que se ha publicado sobre Alfred Hitchcock: Hathaway, Hitchcock, Stroheim Directores católicos en el Hollywood clásico2. Suele darse, también, una disociación, de tal modo que los modelos que atienden a lo semántico, excluyen lo contextual y tienden a considerar lo interpretativo como una perversión del texto. En otros casos, el peso del relato como entidad se diluye, pasa a segundo lugar y suele verse forzado por las instrucciones metodológicas externas.





