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El Duende del Albaicín. Leyenda granadina

dc.autor.biografiahttp://dbe.rah.es/biografias/5200/antonio-joaquin-afan-de-ribera-y-gonzalez-de-arevalo
dc.autor.biografiahttp://www.academiadebuenasletrasdegranada.org/afanderibera.pdf
dc.autor.muerte1906
dc.autor.nacimiento1834
dc.contributor.authorAfán de ribera, Antonio Joaquín
dc.contributor.otherPilar Vega Rodríguez
dc.coverage.spatialeast=-3.590128199999999; north=37.1854794
dc.coverage.temporalSigloSiglo XVI
dc.date.accessioned2025-11-25T10:00:20Z
dc.date.available2025-11-25T10:00:20Z
dc.description.abstractExplicación de por qué se llama un viejo caserón, casa del duende en El Albaicín.
dc.description.leyendasEl Duende del Albaicín. LEYENDA GRANADINA. I.Noche de diciembre oscura,la atmósfera encapotadahorrible tormenta ancla,ya el relámpago fulgura;en las calles de Granada.De la tiniebla el capuz [1]más se acrece y avecina,y el viento apaga la luzque alumbra a Cristo en la cruz,en el nicho de la esquina.La soledad es completa,no hay quien al trueno responda;solo en la aguda veletachilla la lechuza inquieta,y da el quién vive la ronda.Lluvia pertinaz y heladacon eco medroso suena,y no hay ventana entornada,ni puerta en que no esté echada,el cerrojo y la cadena.Sin duda el genio del malsus alas tienden al confín,y ante su influjo letal,invade miedo cervalel barrio del Albaicín. -124Tal espanto se recelaque al pecho más fuerte pasma.No obstante, al sonar la Vela,de una oculta callejuela sale medrosa fantasma.Es de tan rara estaturaque crece o se encoge a un punto,y parece en su factura,ser de un vivo la figuraen el cuerpo de un difunto.De otro mundo usa despojos;por cara, una calavera,y del hueco de sus ojossalen resplandores rojoscual los que cruzan la esfera.Marcha con paso atrevido,sin vacilación ni errores,y creyendo no es seguido,a un portón se ha dirigidojunto a la calle de Oídores.Por su dintel penetróligero como un venablo;fuerte trueno retumbó,e ignoro si le ayudóarte de hombre o de diablo.Con todo, no hay que dudarque media humana asechanzapues no está solo el lugary aún se llegan a escucharjuramentos de venganza. -125- II. Cuando acomete el amora quien ya las canas peina,es forzoso conocerque es arriesgada la empresa.D. Fadrique de Guevara,hidalgo de nobles prendas,con Lucía de Aguilarhace dos meses se uniera.Él once lustros mantiene,ella quince primaveras,él soldado arisco y rudo,ella una rosa entreabierta.Conveniencias de la dote,que son malas conveniencias,a la niña hacen esposa,y a triste palacio llevan.Su escasa luna de mielno libaron las abejas,que la esconde recelosocomo hace el lobo a su presa.Más de su cargo el honora D. Fadrique le ordena,que marche de capitána hacer en Flandes la guerra.Y Lucía queda solacon una joven sirvienta,y un regañón escuderonuevo Argos de la belleza.-126- III. Es una regla sabidaque para lucir primores,bien necesitan las floressol y luz, que las den vida.Y es también verdad probadaque es la mujer una flor,que si no la alienta amorse vuelve planta agostada.Ante esa necesidadno faltan nunca Don Juanesque juzgan estos desmanescomo obras de caridad.Y abundando en la creencia,yo, que la verdad estimo,diré que hay por medio un primo;saquen, pues, la consecuencia.Ser mozo, bravo y galán,son condiciones ufanas:¡qué contraste con las canasdel ausente capitán!Ante el marido la hablócual pariente solo un díay desde entonces Lucíaen otro mundo soñó.Aumentando su inquietudver que por extrañas artes,encontraba en todas partespeligros a su virtud.No hay quien a tanto resista;¡siempre el guardador es ciego! -127-aunque hay cegueras que luegoaclaran mucho la vista.Fuese a la guerra; ¿qué hacer?pájaro que deja el nidose expone a verle perdido,si tarda mucho en volver.Y el más sencillo comprendeen el caso que refiero,por qué cela el escudero,por qué hay en la calle duende.  IV. De su disfraz espantosoel joven ya se despoja,y a la estancia se dirigedonde le espera la hermosa.Está muy triste, sus ojosal verlo llegar entorna,y con sus rubios cabellosun velo a su rostro forma.Luis una escala recoge,que al férreo balcón apoyay radiante de ilusiónante sus plantas se postra.Despide a la confidente,y cuando sus manos tocancon acento apasionadodice D. Luis de Mendoza:No temas, la tempestadmás favorece que estorba;si afuera ruge el infierno,al lado tuyo es mi gloria.Arriesgas por mí tu vida,yo la mía por tu honra, -128-que para llegar aquí con este traje de mofa, al nivel del salteador mis blasones se colocan.Puede regresar tu esposo;mañana a la misma hora,me cumplirás la promesa,huyendo a tierras remotas.Abrió sus ojos la niñadejando que el llanto corra,la ropilla del doncelabrasa al par que la moja.Consuelos la da afanosoque ella sin desdenes toma;la lámpara se amortigua,y va creciendo la sombra.Al huracán le responderuido de labios que chocan;quién sabe si allí hay más fuego,que en el firmamento brota.           _________Cual todo pasa en el mundoasí dos horas corrieron;Luis por el balcón se bajay el disfraz ciñe a su cuerpo.Más del postigo al salir,pues va con su dicha ciego,no descubre que le acechany que unas manos de hierrole sujetan por la espalday otras le oprimen el cuello.Con la punta de un puñalsiente traspasan su pecho; -129-la defensa no es posible,tan solo exclama: “Soy muerto”.El asesino y los suyosvuelven de la casa adentro,mientras atranca el portón silencioso el escudero.  VI. De pardas nubes veladaya mensajera del día,la aurora se aparecíaallá por Sierra Nevada.De la casa en los jardinesde ira y de frío temblando,hay seis hombres esperandopara otros siniestros fines.Pues se mira con horrorla noche al romper su veloun cadáver en el sueloy un fantasma a su alrededor.Tocan el Ave-Maríaen el cercano convento,y el duende, con paso lento,sube y despierta a Lucía.Alegrada al escucharquien a su estancia golpea,sin cuidar de lo que sea, abre las puertas en par,Y al ver el fantasma fierolanza un grito de sorpresa,mientras él la tiene presacon unos nervios de acero.-No abrigues, dice, esperanza;perdiste tu fe y mi honra; -130-la noche vio mi deshonra,la luz mire mi venganza.  VII. Como tigre enfurecido,como repugnante hiena,así el fantasma la cogey a los jardines la lleva.Sobre el cadáver de Luisla arroja con tal violencia,que la viva con el muertoahora sin querer se besan.Carcajada incomprensible,risa convulsa y frenéticadeja escuchar, y sus brazosal muerto joven rodea.enfurecido el fantasmasu disfraz al suelo echa.Seis hombres con antifacesa su alrededor se aprestan.También su rostro tapadoestá con roja careta,que con lo rojo del trajeel tinte de sangre aumenta.Da un pergamino al anciano,y este las llaves le entrega,y van comitiva tristepor las calles aún desiertas,al Arco de Fajalauza [2] ,donde se pierden sus huellas. -131-  VIII. Cuando la justicia vino,que la llamó el escudero,el triste cuadro presencianque impone horror y respeto.Lucía se ha vuelto loca;tal lo demuestra su aspecto,y el joven tiene el puñalatravesado en el seno.Ordena el alcalde al punto,después de hablar con el viejo,que a la Inquisiciónse lleve el fantástico trofeo;el cadáver à la fosa,y Lucía por encierrotenga a su razón perdidasus nupciales aposentos.  IX. Cuando el vulgo que principióla tragedia a conocer,ser obra de Luciferunánime aseguró.Solo una vecina anciana,de esta opinión en despique [3] ,jura pasó D. Fadriquea caballo esa mañana.Y vio, aunque con poca luz,de bultos media docena,y que eran almas en pena, por lo que puso la cruz.Y otra que la echa de linceno vacila en afirmar, -132-que el duende siempre ha de andardonde hay muchachas de a quince.Son historias del amor;de fijo que no hay mujerque no quisiera tener¡un duende en su tocador!Corre el tiempo, la locurasu poca razón apaga,y la joven vive y vagasin consuelo y sin ventura.De su belleza el tesoro pierde en tan ruda tarea,y hasta la nieve blanquea en sus cabellos de oro.Y parece en el desvelode sus noches de terror,a la imagen del dolorque pide subir al cielo.Volvió, o hizo que volvíaD. Fadrique de la guerra,y con su aspecto que aterrase presentó ante Lucía.--Asesino, murmuró,goza, que ya estás vengado;y como lirio tronchado muerta en sus brazos quedó.De tan horrible aventurasolo guarda la memoria,que hubo un fraile en la Victoria [4]preso también de locura.Y por aquellos confinesaún el populacho entiende, -133-que sigue saliendo el duendea vagar por los jardines.Ello es que la tradición de la historia haciendo gala, con este nombre señala al antiguo caserón. [1] Capuz: 3. m. Vestidura larga y holgada, con capucha y una cola que arrastraba, que se ponía encima de la ropa, y servía en los lutos. ( Diccionario de la lengua española, RAE).[2]  O Arco de Los Almendros, en la parte más alta del Albaicín.[3] .Satisfacción que se toma de una ofensa o desprecio que se ha recibido y cuya memoria se conservaba con rencor. ( Diccionario de la lengua española, RAE).[4] El convento de frailes mínimos de San Francisco de Paula, fundado en 1509 y terminado en 1518 en el solar de unas antiguas fincas nazaríes. Estaba en la cuesta de la Victoria. Además de guardar las sepulturas de importantes granadinos, era un hermoso ejemplo del arte mudéjar. Tras la desamortización en 1836 quedó deshabitado; más tarde fue utilizado como cuartel, y en 1842 demolido.
dc.description.provinciasAndalucía::Granada
dc.description.ubicacionAlbaicín
dc.identifier.citationCosas de Granada: leyendas y cuadros de antiguas y modernas costumbre s; La Lealtad, 1889, pp. 123-133.
dc.identifier.urihttps://hdl.handle.net/10641/6540
dc.rightsAttribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 Internationalen
dc.rights.accessRightsopen access
dc.rights.urihttp://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/
dc.subject.leyendasAmores trágicos
dc.subject.leyendasPersonajesLucía de Aguilar
dc.subject.leyendasPersonajesFadrique Osorio
dc.subject.leyendasPersonajesLuis de Mendoza
dc.titleEl Duende del Albaicín. Leyenda granadina
dc.typeother
dspace.entity.typeLeyenda

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