Legend: El Cristo del cautivo
| dc.autor.muerte | 1894 | |
| dc.autor.nacimiento | 1828 | |
| dc.contributor.author | Alcalde y Valladares, ANtonio | |
| dc.contributor.other | Pilar Vega Rodríguez | |
| dc.coverage.spatial | east=-4.7793834999999945; north= 37.8881751 | |
| dc.coverage.temporalSiglo | Siglo XVII | |
| dc.date.accessioned | 2025-12-15T09:30:08Z | |
| dc.date.available | 2025-12-15T09:30:08Z | |
| dc.description.abstract | Cautivo cristiano martirizado en la catedral de Córdoba | |
| dc.description.leyendas | El Cristo del cautivo (Tradición cordobesa ) ICerca del vetusto puenteque sobre el Betis descansa, en cuyo centro hoy un ángel,a Córdoba insigne, guarda;hay un campo sin verdura,que ciñe el morisco Alcázar,cuyos opuestos extremosdos grandes historias guardan.Uno enseña la mezquita,soberbia y potente Aljama, que mil columnas sostieneny alumbran quince mil lámparas.Es el otro el Campo santo,tierra fecunda, regadapor la sangre de mil mártires que gozan celestes auras.Hacia el medio de este campo [1]hay una opulenta casa,que envuelve casi en las nubessu oscura frente almenada.—165—Dos torres de árabe estiloen sus esquinas se alzan,cual perennes centinelasde aquella mansión preclara.Sus puertas de cedro y bronce,continuamente cerradas;sus ajimeces [2] clavados,sus almenas solitarias,Aspecto le dan tan grave,tal sombra en sus muros marcan,que de pavoroso encantole hacen tétrica morada.La noche que de esta historia nos ha legado las páginas,alterar plugo a los cielosaquella terrible calma,un caballo por el puentecomo una flecha, se lanza,y del palacio encantadoante su puerta se para.Un moro, joven, esbelto,tez morena, de gran talla,con un alquicel [3] de nievey un turbante de oro y grana.Las riendas dejó del potroque suelto quedó de estatua,y sacando una gumía [4]que acaso a intento llevaba,arrancó la cerradurasin que un golpe se escuchara,ni el silencio interrumpieraque por doquiera reinaba.La puerta volvió a cerrarse,después que, como un fantasma, —166—se perdió el moro calladoen las sombras de la casa.El caballo, en vista de esto,volvió a emprender su jornada,repasando el puente a escapecomo un demonio con alas. II.Apenas esto pasó,entre las sombras oculto,al pie de la torre un bultotranquilamente paró.Con calma y sin inquietudsin ver que peligro corre,alzó la vista a la torremientras templaba un laúd.Su mirada, vaga, incierta,sin ver a nadie bajó,porque la torre siguiócallada, triste, desierta.El bulto no desespera,templa el laúd sin demora,y con voz grata y sonora,cantó de aquesta manera:«Niña de negros ojos, casta paloma, azucena que el mundo llenas de aroma, Flor de las flores,escucha los cantares —167—de mis amores.En los verdes jardinesde mi morada, como reina,tú sola serás mirada.Allí, si vienes,verás que no hay serrallos, hurís, ni harenes. Para ti será el mundocon su aureola; el cielo y las estrellaspara ti sola;Y mis quereres,serán para ti, Zaida, si tú los quieres.Flor de las flores,noble gacela,tórtola tristede pobres alas,cándida virgen,que calla y vela, rosa que nuncaluce sus galas.Fúlgida estrellade luz divina,rayo fecundode bienandanza,iris de gloria,que ya iluminalímpida el cielode mi esperanza. Perla lloradapor el rocío,astro brillanteque el campo hechiza;nave que nuncacruza del ríolas claras ondas,que el aura riza.—168—Oye las quejasy el sentimiento,que ardiente el almabrota en sus penas;que cual el silboque lanza el viento,van y se pierdenen tus almenas.Si el eco tristede mis cantareshiere el recuerdoque hay en tu alma,calma el martiriode mis pesares,de mis doloresla lucha calma.Abre de tu ventana la celosía,sultana del profeta,sultana mía.Abre: que el vientote dirá mis querellas,mi sentimiento.» III Antes que el canto cesara,un golpe sonó en la torre,y una puerta silenciosagiró alredor de sus goznes.En un ajimez, un bulto,como una sombra vio el joven,que agita un pañuelo blanco,en tanto que bajo tose.—Zaida.—¡Fernán!...Dos palabras sonarontan solo entonces,en tanto que respiraron—169—aquellos dos corazones.Zaida, es de Aliatar hermana,que entre los moros mejores,es temido y respetadopor su poder en la corte.Era morena, ojos negros,dormidos, como dos soles:graciosa como una ondina,alta, pálida, aire noble.Su cintura una sortija,su pecho un altar sin nombre,sus dientes hilos de perlas,que entre corales se esconden.Breves sus manos,derraman doquier encantos y flores,y sus pies, mucho más breves,parecen dos ilusiones.Fernán, era un buen cristiano,alto, valeroso, joven,de pelo castaño oscuro,de ojos vivos y buen porte.—Zaida, ¿y tu hermano?—Partió.—¿Pero es larga la jornada?—Dicen, Fernán, que a Granada.—¿Cuándo vuelve?—No sé yo.Allí hay fiestas y torneos;allí tiene sus amores,y a ofrecer cintas y floresva al alma de sus deseos.— No perdamos un instante:—170—¿me quieres, hermosa? Di.—¡Que eso me digas a mí!...¡que tiro ya este turbante!Que he pasado muchos díasde tus amores esclava,mientras la torre regabacon estas lágrimas mías.¡Que por tu pasión sujeta,hoy desprecio el Alcorán,y hasta reniego, Fernán,del edén de mi profeta!¡Que dejo la fe benditade mis edades primeras,y esas dichosas palmeras,y esa pomposa mezquita!¡Que busco la hermosa luzque solo a tu gloria guía,que bendigo a tu María,que beso alegre tu cruz!—Calla, calla, hermosa:veo la luz de Dios sobre titú eres el bien para mí;yo te adoro, yo te creo.De pronto rumor lejanocreciente, confuso, oyóse,que hizo callar un momentoa los dos: Fernán entoncesRegistró rápidamenteel campo y sus alredores,sin que diera resultado,pues todo mudo quedóse.—¿Qué era, Fernán?—171——Nada; el viento.¡Sabe que estoy con cuidado!...Pues todo está preparado marchémonos al momento.—Mi esclava Algara no ha vueltoy siento... —Disculpa vana.—¿Quién sabe...?—¡Suerte inhumana!..¡Conque yo vengo resueltoy atrás te vuelves, mujer,cuando menos lo pensaba! —¡Ah! quédese atrás mi esclava...mis joyas...—Así ha de ser.—Ven...; en la margen del ríoun barco tengo amarrado...—Y ¿el puente?—Está custodiado, y ofrece riesgo...— ¡Dios mío!Tú, que a los buenos bendicesy contemplas mi deseo, yo te adoro, yo te creo, haz que seamos felices. Y a poco, pues, que sonaronestas postrimeras frases,del ajimez una escala cayóde pronto a la calle.Fernán la cogió con ansia,y al punto vio descolgarse—172—a Zaida rápidamente,sin que nada le arredrase.Toma esa cruz, ella dijo,aun suspendida en los aires;si yo en este lance muero,al menos ella se salve.Un crucifijo de platacon ricas piedras y esmaltes,Zaida a su Fernán arroja,y luego en sus brazos cae.Dos besos al par estallanque de entrambos pechos salencomo el mero juramentoque de eterno amor se hacen.Mas antes que los dos partanni que sus pechos separen,la hermosa niña era presade cuatro moros infames.Aliatar con otros sieterevolviendo los alfanjes [5] ,acometen a Fernandoque tuvo al fin que entregarse,Con dos heridas al pecho,matando dos moros antes,y a la desmayada Zaidaregándola con su sangre.Mientras que a Fernán prendieronlos moros por él diezmados,dos cuerpos ensangrentadosdesde la torre cayeron.El joven volvió al ruido;—173—y al ver escena tan fiera,rugió, como una pantera,y se cayó sin sentido.III.Frente a la casa del morode que antes hemos hablado,y donde Fernán fue presopor aquel y sus criados,está la altiva mezquitaque los califas labraron,perla hermosa de Occidente,rival de Meca y Damasco.Sus puertas pasan de veinteque forman preciosos arcos,cuajados de filigrana,de airosas cimbrias ornados.Es la del Norte más bella,y ostenta en lindos recuadrosdos pequeños ajimecescon celosías de mármol.Al través de sus umbralesse queda suspenso el ánimo,ante el lindo panoramaque se presenta encantado.Entre arcos de lindas rosasdo cantan miles de pájaros,cien fuentes y surtidoresfecundan el verde prado,que alfombrado de violetas,claveles, lirios y nardos,embalsama con su aromaaquellos alegres ámbitos.—174—Estanques, do jugueteanpeces de colores varios,dan al alfaquí [6] severofresco y salud en sus baños.Limoneros y palmerasentre infinitos naranjos,ofrecen perpetua sombraa aquel delicioso patio.Gorjean los ruiseñoresentre la copa del amo;canta el jilguero en la acaciay en sus jaulas el canario.El aura juega incesantepor doquiera suspirando,meciendo las gayas floresque besa en su vuelo rápido.Del gusto más exquisitohay a un extremo cien arcosque dan entrada a la iglesia,asombro de los profanos [7] . IV. Treinta naves a lo lejosse cruzan con simetría,doradas por los reflejosde lámparas y de espejosque imitan el sol del día.Todos la vista detienensin que nada la deslumbre,—175—ante el mérito que tienenlas columnas que sostienenaquella inmensa techumbre. Obra de diestros cincelesy artistas extraordinarios,lucen las naves infielesvariedad de capitelesy fustes de órdenes varios.Sus techos artesonadossobre arcos tan pintorescos,enseñan por todos lados,deliciosos arabescosdivinamente bordados.Sobre la puerta giganteque al Norte se ve girar,se alza orgulloso, arrogante,el magnífico alminar [8]con su cúpula brillantedonde el sol del medio díaextiende sus tintas rojas, rico el Mihrab [9] se veía,y allí el Corán residíay se adoraban sus hojas.Esta capilla sagradacuya esplendidez arredra,por cien arcos adornada,está también coronada,por una concha de piedra [10] .—176—Hacia este lugar llegandoiba en peregrinación la turbaagarena, cuando un murmullofue turbando su calma y su devoción.El murmullo fue creciendo;y las noticias velocescruzaron entre el estruendo;y unos pasaban corriendo,y otros con gritos y voces.Todo es bulla y confusión,todos corren y se agitancasi en revuelto montón,en tanto que todos gritan:«¡Creyentes, profanación!»Todos se agrupan, se estrechancon espantosa pavura, escuchan,-hablan, acechan, y fieras miradasechan sobre una columna oscura. ¿Qué hay allí para que insano ese pueblo vengativolance anatema inhumano?¡Ah! ¡se revuelve un cristiano entre cadenas cautivo!¡Es Fernán! El moro impíocon inclemente perfidia, —177—donde llama a Dios con bríomientras con la muerte lidia.Allí reza y no le arredraque lo escarnezcan ni ajen;unido al mármol, cual yedra,de Jesucristo la imagencon hierro esculpe en la piedra [11] De Zaida el último don,que guardó en sangre bañadosobre el triste corazóny va en su mente grabado, le presta la inspiración.Mas ¡ay! tan ruda insolenciajamás allí se había vistosin arriesgar la existencia:así, el trasunto de Cristofue de Fernán la sentencia.Crece del vulgo la grita;y en su venganza cruel,la turba se precipitasobre el que al Dios de Israel representó en la mezquita.Mas ¡ay! de pronto se oyó—178—una voz que, como el truenoen las bóvedas rodó;y entonces ni un agareno¡la vista siquiera alzó!—¡Infame! a Fernán, rugiente clamó Aliatar con fiereza: ya no mueres lentamente:¡de Allah el honor no consienteen tus hombros la cabeza!La esclava que te vendióy la mujer de tu almaya el profeta recogió;pero ahora reclamoyo tu sangre para mi calma.Cuatro moros se arrojaronsobre el cristiano al momento, cercándole como loboscercan el rebaño hambrientoscon inusitada furia,cadena y grillos rompieron; con fría, estridente cuerdarodean su noble cuello, y con injurias y golpes profanan el triste templo,mientras lo dejan pendiente atados los pies al techo [12] :—179—tras este horrible martirio y en convulsiones muriendo,su alma rompió el espaciovolando de Dios al seno;así, el cristiano cautivo,de sus dolores en premio, ganó la palma del mártirque solo brota en el Cielo.Por Fernando redimidaal cabo fue la ciudad,y a Cristo restituiday esta historia esclarecidacon el sol de la verdad.Y desde entonces al vivoamor de la fe que halagaal pueblo, con tal motivo,una luz que no se apaga,puso al Cristo del Cautivo. [13]NOTAS[1] En estos campos se han construido después el colegio de San Pelagio, el palacio episcopal y otros edificios. (Nota del autor) [2] Ajimez: ventana arqueada, dividida en el centro por una columna. ( Diccionario de la lengua española, RAE).[3] Alquicel: v estidura morisca a modo de capa, comúnmente blanca y de lana. ( Diccionario de la lengua española, RAE).[4] Gumía: arma blanca, como una daga un poco encorvada, que usan los moros. ( Diccionario de la lengua española, RAE).[5] Alfanje: especie de sable, corto y corvo, con filo solamente por un lado, y por los dos en la punta. (Diccionario de la lengua española, RAE).[6] Alfaquí: doctor o sabio de la ley (Diccionario de la lengua española, RAE).[7] Tanto el patio de los Naranjos como la Catedral han variado mucho de como estaban en tiempo de los árabes. (Nota del autor)[8] Alminar : torre de las mezquitas, por lo común elevada y poco gruesa, desde cuya altura convoca el almuédano a los musulmanes en las horas de oración ( Diccionario de la lengua española, RAE).[9] Mihrab: en las mezquitas, nicho u hornacina que señala el sitio adonde han de mirar quienes oran (Diccionario de la lengua española, RAE).[10] Este que llamaban los moros lugar sagrado tiene la forma de un octógono y la bóveda del techo de una sola piedra en figura de concha. (Nota del autor).[11] En una columna, casi incrustada hacia el medio del muro del norte de la Catedral está este Cristo con un letrero grabado en el mismo mármol que dice: Este es el Santo Cristo que hizo el cautivo con la uña. Nosotros, sin embargo, hemos seguido al autor de los Casos raros de Córdoba , que dice lo hizo con un pedazo de hierro que se arrancó de sus grillos. Esta opinión parece más verosímil, separando la acción del milagro, y no habiendo, caso de la de Tirabeque, aunque llevara razón. (Nota del autor).[12] Y en el libro Casos raros de Córdoba dice que en su tiempo (hará unos 250 años) existía aún la soga de que colgaron al Cautivo (Nota del autor).[13] El Cristo del Cautivo está a la entrada de la capilla de Nájera (de la Epifanía) en la Mezquita Catedral. | |
| dc.description.provincias | Andalucía::Córdoba | |
| dc.description.ubicacion | Córdoba | |
| dc.identifier.citation | Flores del Guadalquivir: poesías y leyendas, [S.l.] [s.n.] 1872, pp. 164-179. | |
| dc.identifier.uri | https://hdl.handle.net/10641/6630 | |
| dc.leyendas.bibliografía | Corbonell y Trillo-Figueroa, Antonio. Guía artística de Córdoba Instituto Geológico de España, 1926 p. 78. | |
| dc.leyendas.obras | Castejón y Martínez de Arizala, Rafael. "Guía de Córdoba." (1930). | |
| dc.rights | Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International | en |
| dc.rights.accessRights | open access | |
| dc.rights.uri | http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/ | |
| dc.subject.leyendas | Martirio de Fernán | |
| dc.subject.leyendasPersonajes | Aliatar | |
| dc.subject.leyendasPersonajes | Fernán | |
| dc.title | El Cristo del cautivo | |
| dc.type | other | |
| dspace.entity.type | Leyenda |
