El hombre, el animal y la antropología biológica
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ncluso en aquellos seres que no se presentan atractivos a nuestros sentidos, comprender de modo científico la naturaleza que los ha forjado procura un extraordinario gozo a quien sabe penetrar en sus causas, es decir, a quien es verdaderamente filósofo [...] No se debe, por tanto, alimentar un disgusto pueril ante el estudio de los animales más modestos, pues en todos las reinos de la naturaleza hay algo maravilloso. Un día que Heráclito se calentaba en su c ocina y que unos forasteros dudaban salir a su encuentro, se cuenta que éste los invitó a entrar, pues los dioses -dijo -están en todas partes, hasta en las cocinas. Del mismo modo conviene proceder sin repugnancia a la observación de cualquier animal, pues no hay ninguno que no muestre algo natural y hermoso" (ARISTÓTELES, Sobre las partes de los animales I, 5, 644). l hombre es "un animal racional". O mejor aún: el hombre es "el animal racional". Estas tres sencillas palabras (artículo determinado, sustantivo y adjetivo calificativo) nos proporcionan un hilo conductor esencial para las reflexiones que siguen a continuación y que tienen como propósito bosquejar una sencilla consideración sobre la naturaleza humana. En un reciente artículo sobre los pretendidos "derechos de los animales" se afirmaba con toda razón que "entre el hombre y el animal hay una diferencia radical, que no es sólo de grado [...] sino de naturaleza". Pero el autor no sólo constataba esta diferencia esencial, sino que llevaba los términos de la cuestión al extremo al asegurar que "el hombre no es un animal superior, más perfecto que los demás animales, sino que no es un animal, porque aún siendo semejante a los animales desde el punto de vista anatómico y sensitivo, posee un alma espiritual inmortal que ningún animal po---------* Profesor de filosofía en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum.





